lunes, 13 de agosto de 2012

Claudio García Satur: La mujer del domingo


Claudio García Satur: caballero como los de antes

El ex Rolando Rivas cuenta por qué no está en televisión, antes de debutar en La mujer del domingo, junto con Virginia Lago

Baja las escaleras y se presenta, como si hiciera falta presentación. Conserva intactos esos actos y gestos de caballerosidad que hoy están demodé, sin descuidar sus maneras tan porteñas. "Disculpá, me senté en el sillón antes que vos", dice Claudio García Satur.

Actor y galán, abuelo, hincha fanático de Boca Juniors, jugador de tenis y de ajedrez, y hábil cocinero de guisos, tiene la cultura de la calle y de los libros. Alejado de la televisión, este protagonista de tantos éxitos confiesa que en el teatro ha encontrado el hogar profesional de la madurez. El sábado 11 estrena La mujer del domingo , de Ted Willis, dirigida por Daniel Suárez Marzal, con Virginia Lago, Laura Novoa, Felipe Colombo y Laura Bove. Aquí interpreta a un hombre de clase media, en el Londres de posguerra, disputado por dos mujeres: la primera, su esposa y madre de su hijo (a cargo de Lago); la segunda, una compañera de trabajo mucho más joven (en la piel de Novoa).

"El otro día estábamos pasando la letra, y mi personaje dice: «Entraste a mi vida como una estrella». Laura Novoa suspiró. Es que hoy en día nadie habla así, pero si un hombre lo hiciese, te aseguro que las mujeres caerían rendidas a sus pies", cuenta García Satur a sus 74 años.

-¿Qué desafío encontró en esta obra?

-Este es un tipo de teatro que no había hecho. Soy de San Juan y Boedo, soy bien porteño, del sainete y del conventillo. Esta es una comedia lírica como dice el director. Y a su vez, tiene todos los ingredientes de la comedia inglesa, con algo de Noël Coward, con esa manera tan peculiar que tienen de manifestar la verdad y los sentimientos en líneas tan agudas.

-Y además interpreta a un galán distinto a los que hizo en su carrera.

-Interpreto a un hombre gris, débil, sin mayores apetitos. Mi personaje es empleado en una empresa, que tuvo sueños de progreso, pero que se fueron apagando, y se da cuenta, cuando conoce a otra mujer, de que no es feliz. Ella representa la libertad del espíritu. Esta mujer lo halaga, lo desborda, lo está empujando hacia un futuro compartido, lejos de la ciudad. Todo eso produce un cisma en él. Y no se da cuenta de que la decisión no está en él, sino en las dos mujeres.

-¿Sigue teniendo esa adrenalina antes de salir al escenario?

-Afortunadamente, sí. Pero no bien se pisa el escenario, como entro a un territorio conocido, termina.

LA MIRADA DE UN EXPERTO

Resumir la carrera de Claudio García Satur en algunas líneas resulta una tarea dantesca. Hijo del también actor Enrique García Satur (apellido artístico, ya que su verdadero nombre era Saturnino García, y Claudio luego heredó), comenzó muy joven a trabajar en el Teatro San Martín, interpretando obras de Shakespeare y Brecht.

Luego trabajaría en la exitosísima Los Campanelli , y en el cine, en La sartén por el mango , en la que interpretaba a un asesino psicótico. Alberto Migré vio algo especial en él y lo convocó en 1972 para Rolando Rivas, taxista , uno de los sucesos más grandes de la historia de nuestra TV ("Ni Migré se imaginaba que el programa iba a tener tanto éxito"). En la primera temporada enamoraba a Soledad Silveyra, y en la segunda, a Nora Cárpena. Continuó con Migré en Dos a quererse , en la que sorteaba, junto con Thelma Biral, las maldades de Marta Albertini. También fue el galán de Susú Pecoraro en El león y la rosa , y el de Gabriela Gili, en Historia de un trepador . Participó de los unitarios Vínculos , de Rodolfo Ledo, y Situación límite , de Nelly Fernández Tiscornia. Y sumaría otro hito en su carrera con Son de Diez , con Silvina Montanari, Floria Bloise, Florencia Peña y tantos otros.

En el teatro fue dirigido por Alejandra Boero ( Prisioneros en la ciudad ), Santiago Doria ( El conventillo de la Paloma y Socios en el amor ), Manuel Iedvabni ( Del ropero al cló set), Manuel González Gil ( Aeroplanos ), José María Paolantonio ( Doña Flor y sus dos maridos ), Leonor Manso ( Don Chicho ) y Carlos Moreno ( Extraña pareja ), solo por nombrar algunos.

-¿Por qué está alejado de la TV?

-El teatro es mi territorio. Aquí encuentro un trabajo de construcción, en el que puedo compartir tiempo con mis compañeros. Hoy en día se graba durante muchas horas, y ya no estoy para eso.

-¿Ve TV argentina? ¿Qué piensa?

-Muy poca. Prefiero las películas viejas, de los años 30 a los 60. Y veo fútbol. Sí vi algunos capítulos de El hombre de tu vida y En terapia , y me gustaron. No me engancho con otros programas. Quizá tenga el síndrome del tipo que ya pasó los 50 años, y esto no significa que todo tiempo pasado fue mejor, pero sí me quedo con los textos de hace 40 años. Hoy las cosas son distintas, desde el modo de concebir a la familia, al amor, las relaciones. Pero ¿por qué se tiene que hablar así en la TV? ¿Por qué un galán no le puede decir a una heroína: «Dame un beso amor mío».

-Y hablando de otras generaciones, ¿cuál es el mejor consejo que recibió de su padre y el que les transmitió a sus hijas, también actrices [Celeste y Guillermina]?

-El mismo, dicho con distintas palabras. Nosotros éramos cinco hermanos, digo éramos, porque algunos fallecieron, y mis hermanas más grandes comenzaron a actuar, y luego se casaron y abandonaron esta profesión. Mi papá, como yo, siempre quisimos transmitirles a nuestros hijos que son seres independientes de nosotros. Yo lo era de mi padre. Mis hijas son seres absolutamente libres. Eso no les impide charlar conmigo de algún problema.

-¿Tiene algún sueño pendiente?

-He confiado mucho más en dejar que las cosas ocurran que en forzarlas. Así que así seguirá siendo mi filosofía. Si algo debe pasar, pasará. Así entiendo a mi vida, así pienso que ocurren las cosas, en el trabajo y en el amor. Y además, el hombre no es dueño de nada; las mujeres lo son. Al menos eso es lo que he aprendido en mi vida.

Aún hoy, 40 años después, existen fanáticas del programa Rolando Rivas, taxista , e innumerables grupos en Facebook en torno a este personaje y al ciclo de Migré que paralizaba al país durante su transmisión.

-¿Cómo interpreta ese éxito?

-Fui entendiéndolo con el tiempo. Si me hubiese muerto en ese momento, hoy sería como Gilda. Se produce eso que para el artista es increíble, pero también es preocupante y devastador.

-¿Cómo era su vida durante Rolando Rivas?

-Insoportable. Vivía solo y el teléfono de mi casa estaba siempre descolgado, porque sonaba a las 2, a las 5 de la mañana. Todo el tiempo. Eran las fanáticas, periodistas, amigos, supuestos amigos, y minas. Si espiaba por la mirilla, había desde temprano por lo menos cinco mujeres, de todas las edades. Recibía todo tipo de cartas.

-¿Las guarda?

-Sí, tengo algunas, alrededor de 50. Todas insólitas.

-¿Vio las repeticiones? ¿Qué le parecieron?

-Sí, las vi hace poco. Veo las escenas de amor, y todas las demás? ¿cómo no se iba a conmover la gente con esos textos? Era imposible comer un sánguche de milanesa y ver Rolando Rivas. No era algo pasatista. Y bueno, veo cómo era yo con 40 años menos. Es un disgusto: los ojos brillantes, los dientes parejos, todo el pelo.

Lanza una carcajada y se levanta del sillón. Es hora de ensayar. Ahora debe calzarse el traje de otro galán, maduro, y lejos de la histeria.

García Satur trabajó desde joven, primero como empleado de la por entonces Dirección General Impositiva (DGI), y después incursionó, para quedarse siempre, en la actuación. No terminó el colegio, pero es un hombre culto y autodidacta.

"Mi papá tenía una biblioteca, no muy grande. Y yo leía todo lo que había en ella. Desde botánica hasta Salgari. Un día me encontró en puntas de pie tratando de sacar un libro del estante más alto. «Cuando no necesites de una silla para alcanzarlo, vas a poder leerlo. Antes, no.» Cuando crecí, pude llegar a él, sin la silla. Igual no entendí nada, era Mundos paralelos , de Plutarco", recuerda, entre risas.

El actor no sólo lee y ha leído muchísimo, sino que además escribe. Hace algunos años, editó un volumen con algunos relatos, Heterocuentos . "Escribo para mí mismo. Leo a Hesse o a Mann, y no me puedo llamar a mí mismo escritor", dice.

El protagonista de tantos éxitos del cine y de la TV se denomina a sí mismo anarquista: "Es algo que viene de familia, pero no en el sentido en el que la mayoría entiende al anarquismo: como el antitodo. Al contrario, pienso que tenemos como seres humanos la posibilidad de la libertad absoluta sobre nosotros mismos, en nuestros sueños, amores y desgracias".

LA SELECCIÓN, SEGÚN GARCÍA SATUR

Una actriz 
Shirley MacLaine: "Así no quedo mal con nadie", aclara.
Un actor 
Osvaldo Miranda
Un realizador con el que trabajó 
Manuel Antín
Una obra de teatro suya 
Un guapo del 900
Una película suya 
La sartén por el mango
Un programa de TV suyo 
Rolando Rivas, taxista
.
PARA AGENDAR
La mujer del domingo , dirigida por Daniel Suárez Marzal. De miércoles a viernes, a las 21; los sábados, a las 20 y a las 22.15. Teatro: Apolo, Corrientes 1372.

Fuente: La Nación

Entre el anarquismo y la literatura
La vigencia de un galán

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