viernes, 10 de agosto de 2012

Apalalá


Apalalá

Un mundo de ensueño, con dragones y crisálidas, bajo la exquisita batuta de Teresa Duggan, cobra vida en la carpa del Polo Circo

Dentro de la carpa circense asoman los dragones benefactores. Grandes y pequeños. Montados en la espalda del músico, irrumpiendo en vuelo rasante a la pista, delineados sutilmente en sombras chinescas. Todos ellos sobrevuelan protectores el juego que adopta mil y un variantes, hilvanado por los pasos de la troupe de bailarines-acróbatas. Objetos de la más amplia variedad entran a formar parte de la coreografía lúdica, se transforman sutilmente, complementan el movimiento de los cuerpos. O bien éstos se convierten en un juguete animado más. Como en la escena de las marionetas vivientes, arlequines que parecen llevar a sus manipuladores, antes que ser manipulados ellos. Una crisálida se convierte en mariposa, explicitando lo que subyace a lo largo de toda la obra: cada objeto, cada persona, puede ser una crisálida que de un momento a otro resignifica su cuerpo hacia nuevos juegos.

Apalalá, la coreografía circense creada y dirigida por Teresa Duggan, apela con inteligencia a una gran variedad de recursos escénicos sorprendentes. Logra a la vez incorporarlos a la acción con una lógica dramatúrgica y coreográfica que los hace lucir como imprescindibles, sin apabullar a los espectadores. Los bailarines, el músico en escena, los objetos, la proyección de sombras, todo suma sin cargar con sobrepeso el desarrollo de la obra.

Dirigida explícitamente a los más chicos, Apalalá es una nueva muestra de que no hace falta hacer algo simple para llegar a ellos. Gana así a la vez la posibilidad de encantar a público de todas las edades con la danza de los dragones. Los aires orientales y venecianos se cruzan con la cotidianeidad de las bolsas de plástico puestas a volar, de los charquitos de agua, de esconderse en cajas de cartón, del "¿lobo estás?"

La continuidad no está dada solamente por el vuelo de los dragones. Es básicamente la predisposición infinita al juego, eficazmente representada a través del lenguaje del movimiento bailado, la que pone en escena el espíritu de la infancia como hilo conductor de la puesta en escena.

El entorno circense por su parte desacartona la convención. La pista a ras del suelo se emparenta con la sala de juegos, con el nivel desde el que parte el vuelo de la fantasía de quienes apenas comienzan a caminar por la vida, desde muy abajo, con gran capacidad de elevarse.

Fuente: La Nación

Sala: Carpa Garay, Polo Circo, Combate de los Pozos y Av. Garay / Funciones: sábado y domingo a las 14.30. 

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