viernes, 20 de julio de 2012

Richard Maxwell: Showcase




Richard Maxwell: “No le pido a los actores que finjan lo real; porque lo real es que estamos haciendo una obra"

Es una de las figuras centrales de la vanguardia neoyorquina, que desarrolla sus puestas en espacios pequeños y cerrados. Hoy estrena "Showcase", su última obra, que tiene lugar en la intimidad de un cuarto de hotel porteño.

Hotel 725 Continental. Una puerta cerrada se abre develando una habitación a oscuras. Entramos y sólo se percibe una silueta sobre la cama que se contornea al ritmo de su respiración. Lo que normalmente sería un público reducido –catorce personas– excede la intimidad absoluta del cuarto de hotel. Los espectadores, sentados en el escritorio, en la alfombra, en los bancos, ante un actor completamente desnudo, se vuelven así voyeurs en Showcase, una exhibición de la intimidad de un hombre de negocios que se prepara para asistir a una conferencia. Enciende la luz, controla la hora con su celular, le habla a su sombra -que no lo sigue– y se dirige a los espectadores, aunque la interacción no altera realmente el transcurso de su itinerario mental.

Se trata de la última obra de Richard Maxwell, que viajó desde Nueva York para presentarla en la tercera edición de Panorama Sur. Parte de la compañía New York City Players, viajaron ya por 23 hoteles de Londres, París, Melbourne, Berlín, Frankfurt, entre otras, y ahora llega a nuestro país. La última vez Maxwell había estado en Argentina con House, en el marco del III FIBA allá por 2001.

Figura central de la escena de vanguardia neoyorkina, Maxwell es dramaturgo, director, compositor y guionista, y además considerado uno de los directores más inquietantes del teatro desde fines de los '90. A pesar suyo, los críticos le adjudican una "estética inexpresiva". Sus obras –que no tratan de emular la realidad a través de los usuales métodos naturalistas– fueron categorizadas como robóticas, chatas y desapasionadas. Es que, lejos de la declamación del teatro que lo formó como actor en la universidad, Maxwell, paradójicamente, rechaza el artificio. Lo real en esta paradoja de autenticidad propia del teatro, dice, es la obra misma.

Desde sus inicios con Superintendents o Debate hasta sus últimos trabajos como Ads o Natural Hero, Maxwell acredita una prolífica trayectoria escénica. Sus puestas suelen ser minimalistas, transcurren en espacios cerrados e íntimos hasta la asfixia, donde es inevitable intoxicarse con la presencia mutua. Los actores se mueven y dicen sin afectación discursos construidos en base a elementos cotidianos. Maxwell deja de lado el exceso de la interpretación en pos de una mayor neutralidad en el discurso actoral. De ahí que trabaje también con actores no profesionales, ya que percibe en ellos una sinceridad que no encuentra en aquellos que sí han sido entrenados como actores.

-“Showcase” me remitió a “La última cinta de Krapp”, por la reflexión sobre el propio pasado del personaje, aunque en este caso más reciente, y además en un hotel. ¿Guarda alguna relación?
-Sí, es posible, pero Showcase no está basada en la obra de Beckett. En Nueva York todos los años hay una conferencia teatral donde distintos presentadores exhiben sus obras y los productores y promotores miran sus trabajos. Todos se quedan en el hotel. Normalmente hay un piso de exposiciones con stands. Pensamos en conseguir un stand, pero era muy caro. Entonces pensé que si alquilábamos una habitación, podíamos participar en la conferencia y la gente podía subir y ver el espectáculo en la habitación. Así que escribí la obra para esta conferencia teatral de APAP (Association of Performing Arts Presenters) y siguió. Por eso la llamé Showcase.

-¿Tiene que ver con tu forma de vida?
-He pasado mucho tiempo en hoteles por mi trabajo. Sentía que era un territorio que conocía muy bien. No quiero ser explícito y decir que es autobiográfico, porque en verdad no lo es. Es producto de mi imaginación, pero viene de lo que hago y cómo vivo cuando viajo.

-¿Te gusta viajar?
-Tiene un aspecto adictivo, pero se vuelve más difícil a medida que envejezco porque ahora tengo una familia. Al mismo tiempo hay algo divertido sobre viajar. Y, además, escribo más cuando viajo que cuando estoy en casa.

-En "Showcase", el hombre habla con su sombra, pero la sombra no se comporta como una sombra, ni el actor que hace de sombra tiene las mismas proporciones que Jim…
-Es que se aburre de ser una sombra, se toma un descanso. Me parece gracioso…

-¿Qué lugar tiene el realismo en tus obras?
-Creo que el realismo no es necesario. No me gusta el realismo, prefiero la realidad. Yo nunca le digo a los actores que finjan que lo que la gente está presenciando es real, sino que justamente lo real es que estamos haciendo una obra. Quizás es una nueva forma de pensar el teatro. No me gusta que los actores con los que trabajo finjan.

-¿Por eso muchas veces trabajás con actores no profesionales?
-Sí, hacen cosas que uno no esperaría que hagan. Pienso que el hecho de que no tengan ningún entrenamiento los hace más impredecibles, en un sentido natural. Yo soy un actor entrenado, por eso conozco bien las disponibilidades que tiene un actor entrenado. Disfruto ver en una obra actores sin entrenamiento, interactuando con el público.

-¿Pensás que son más sinceros?
-Sí, sobre todo hablando en términos de elecciones. Cuando se actúa enfrente de personas, hay que tomar decisiones. Porque es la vida, no sabemos qué va a pasar. Me parece interesante ver las decisiones que toma alguien que no está tratando de fingir. Creo que el entrenamiento es una forma de protegerse del momento de actuar, de la falla potencial. Pero no trabajo estrictamente con actores no profesionales, trabajo con ambos. Es lindo tener gente en escena que no esté entrenada. Y tal vez sea más humana como resultado.

-¿Y qué es la actuación en este sentido?
-La actuación es una combinación de realidad y artificio. Hay artificio porque estás diciendo un texto que ya dijiste, un texto memorizado; esta es la parte artificial. Y la parte real es no fingir que eso no existe.

-¿Estás de acuerdo con el término “inexpresiva” que algunos críticos le adjudican a tu obra?
-No, yo no intento ser inexpresivo, sino que cuando trabajo con actores simplemente dejo de lado la simulación, entonces su comportamiento cambia. Pero no es que les digo: “tenés que ser inexpresivo”, “no quiero que sientas”. Así no es como trabajo. Muchas veces el público se queda con la sensación de que los actores no interpretan un personaje, sino que lo que sucede es la realidad misma.

-¿Tiene que ver con una estética hiperrealista?
-Claro. Me recuerda un poco al cine porque el público está muy cerca del actor, pero en un ambiente real. En teatro generalmente todo está lejos; acá la audiencia está tan cerca del actor como yo de vos, y eso lo hace más como una película. Tal vez eso lo hace sentir hiperreal.

-¿Incluirías tu trabajo dentro de la categoría de “teatro posdramático”?
-¿Por qué no? Estoy lejos de este tipo de debate, pero creo que podría pertenecer a esta categoría. Aceptamos la artificialidad y no sentimos ninguna presión por fingir que somos otra persona. Si esto es posdramático, entonces pertenecemos.

-En una entrevista decís que, como artista, pasaste de la ironía a la sinceridad. ¿Cómo fue esta transformación?
-Tiene que ver con envejecer. Es una cuestión de honestidad, con una distancia entre uno y lo que uno hace. Uno se va sintiendo más cómodo cuando se permite hacer cosas que están más cerca de uno. Como en el teatro, la vida misma.


FICHA
Showcase, de Richard Maxwell

Actúa: Jim Fletcher y Bob Feldman.
Dónde: Hotel 725 Continental, Av. Roque Sáenz Peña 725
Cuándo: 19, 20, 21 y 22 de julio - 3 funciones diarias: a las 19, 20.30 y 21.30.
Entradas: $60 | En venta únicamente en: www.alternativateatral.com

Fuente: Revista Ñ

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