sábado, 21 de julio de 2012

La verdad


La verdad

Un sólido e intenso juego teatral, sobre la inquietante relación entre dos escritores

Dos amigos escritores, de dudosa calidad literaria, viajan con la esposa de uno de ellos hacia las sierras. Deciden hacer un alto en el camino y acampan en un paraje, al lado de la ruta. Las relaciones entre ellos son muy inquietantes. De a ratos, la mujer parece querer estar con uno, pero también se anima a jugar con el otro. Cuando los hombres están solos, algo más que una simple amistad estaría relacionándolos.

La desidia tiene mucho que ver en la construcción de ese triángulo de seres sin aparentes aspiraciones. Pero, en algún momento de la noche, dos hombres llegan al lugar y comienza verdaderamente otra historia. Los escritores parecerían formar parte de una ficción que no sólo no escribieron, sino que, tal vez, ni hubieran pensado. Dos supuestos choferes/guardaespaldas trasladan en un auto que se rompe a una diva que viaja rumbo a una grabación televisiva. Ellos abren la puerta hacia una historia de otro peso, en la que la intriga se va fortaleciendo con fuerza. Y hasta pequeñas cuestiones que exponen como de soslayo (un amigo al que le dicen Perón, un Fairlane, una mujer embalsamada, entre otras) posibilitan que el espectador se detenga en esas referencias buscando esclarecer, desde otro lugar, la realidad de lo que acontece.

La verdad es un intenso juego teatral en el que lo que se cuenta, por momentos, no resulta ser muy importante, aunque lo son los personajes que dan forma a esa trama y lo hacen desde la pura acción, poniéndole el cuerpo con extrema seguridad a un mundo que van construyendo con mucha tranquilidad y con una notable riqueza expresiva.

Como en trabajos anteriores ( Amor a tiros o Pezones mariposa ), Bernardo Cappa guía a sus intérpretes por un camino que exige la pura actuación: concentrada, limpia, donde las mínimas sutilezas (verbales, gestuales o a veces en la ocupación del espacio) pueden abrir un sinnúmero de posibilidades dentro de la mente del espectador.

Este equipo de intérpretes es sumamente efectivo. Y aunque es cierto que algunas situaciones se demoran en su resolución, eso no impide que la experiencia tenga muy buena calidad. Hay algo que esta propuesta dramática deja traslucir con fuerza, la pureza de un acto teatral en el que la sensibilidad de quien crea ficción es encauzada en su justa medida.

Fuente: La Nación

Sala: Teatro Beckett, Guardia vieja 3556 / Funciones: Sábados, a las 20 

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