jueves, 5 de julio de 2012

La comida


La comida

La antropofagia es el eje de este trabajo del Proyecto Dramaturgos- Directores, que coproduce el San Martín en salas independientes

Alberto Ligaluppi, director general del Teatro San Martín, creó el Proyecto Dramaturgos-Directores con el fin de que artistas de distintas nacionalidades se encuentren en Buenos Aires -esta vez en el Teatro del Abasto, que festeja su décimo aniversario- para crear bajo un marco de celeridad (apenas 24 ensayos) un espectáculo que dé cuenta de ese encuentro de los diferentes. Desde allí es profundamente significativo que Cibele Forjaz haya elegido la antropofagia como tema principal del diálogo. Brasil y la Argentina se encuentran una vez más y se desean, se repelen, se devoran, con este texto de uno de los autores más significativos del nordeste brasileño, Newton Moreno, quien a su vez homenajea la obra de Mário y Oswald de Andrade, dos representantes del modernismo en Brasil y creadores de La semana de arte moderno de San Pablo, en 1922.

La antropofagia tiene en ellos dos grandes representantes pero no los únicos, ya que parte de la cultura brasileña gira en torno de ese tema. La Argentina no ha puesto el acento allí a la hora de pensar su propia historia más allá de aquel primer grabado de Buenos Aires que exhibe una escena de este tipo. Por lo tanto cada escena de La comida , vista desde la cultura del país vecino, adquiere un sentido alegórico importante. Visto desde la Argentina, la situación se torna compleja.

El trabajo de los tres actores es de una potencia notable en cada una de las tres escenas. La primera de ellas focaliza en la violencia de género (un hombre que come parte del cuerpo de su mujer), el segundo en la de clase (el hijo de un empresario fagocita el cuerpo de un desposeído) y la tercera, la más interesante desde todo punto de vista, incluye el vínculo intercultural entre un representante de un pueblo originario y un antropólogo que estudia su cultura y su lengua.

La puesta en escena es profundamente austera y parecería apoyada en los climas que sus actores puedan producir. Desde allí no alcanza a ser comprensible por qué la directora optó por trabajar sobre cierto realismo obsceno en lo que hace a las escenas de antropofagia, sobre todo teniendo en cuenta que es muy difícil lograr ese efecto en el escenario. Si se ve el efecto por anticipado porque no hay forma física de ocultarlo, ¿tiene sentido jugar con eso cuando los actores son tan potentes como para metaforizar la antropofagia?

Fuente: La Nación

Sala: Teatro del Abasto / Funciones: jueves, a las 19.30; sábados, a las 19; y domingos, a las 18 

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