miércoles, 11 de julio de 2012

Eliseo Subiela, Lito Cruz, Alejo Ortiz y Marina Glezer: Hombre mirando al sudeste


“Hombre mirando al sudeste”: con la brújula en escena

El realizador de la película, Eliseo Subiela, llevó la historia al escenario, en su debut como director teatral. Junto a los actores Lito Cruz, Alejo Ortiz y Marina Glezer, explica cómo fue la gestación de la obra que está en plena gira.

Antes de un ensayo, durante una prueba de sonido, la pista repetida de un saxo marca el clima ochentoso de esta versión teatral de la película Hombre mirando al sudeste . Sólo falta el legendario Tubby 4 caminando por los palcos del teatro. Habla Eliseo Subiela -realizador del filme-, que debuta como director teatral, o hablan los actores Lito Cruz, Alejo Ortíz, Marina Glezer y el saxo es un resorte que salta varias veces y se desparrama como colchón sonoro donde reposa todo lo que dicen los protagonistas. En ese marco, cuenta el director que durante los ensayos se guió por una sensación, digamos, terrenal: “Cuando los actores lograban erizarme los pelitos del brazo, consideraba que estaba bien lo que hacían y fijaba las escenas”.

Esta versión de Hombre mirando al Sudeste , película estrenada en 1986, propone recrear en el escenario la historia de Rantés y el Dr. Denis, su vínculo en un hospital psiquiátrico, el Borda, y la discusión acerca de los límites entre la locura y lo real. Si uno lee el texto de Subiela para el teatro se encuentra con una minuciosa cantidad de indicaciones sobre las acciones, los climas y los estados que requiere de sus personajes. Incluso, las indicaciones, en varios pasajes, ocupan más espacio que los diálogos de la obra. Pero esta planificación se pulverizó apenas los actores comenzaron a ensayar. “Modifiqué varias cosas porque en el cine al espacio lo da la cámara y en el teatro, los actores -sigue Subiela-. A medida que ensayaba empecé a ver hechos teatrales que me emocionaban. Especialmente, en lo que hacían Alejo (Ortiz) y Lito (Cruz). Además, tuve la idea de que la obra estuviera lo más alejada posible del cine. Me propuse evitar la adaptación y buscar una recreación en lenguaje teatral del cuento de mi propia película. Fue un desafío complejo”.

¿Cómo valorás la actuación en teatro?
Subiela: La voy descubriendo como territorio. Mi sensación es que hasta aquí estuve trabajando a una determinada distancia de los actores. Al no tener la cámara de por medio, ni todos los artilugios técnicos que suponen una película, es la primera vez que me enfrento a un grupo de actores en estado puro. Eso tiene sus riegos.

¿Cuáles?
Subiela: No tengo defensa, porque no existe la cámara. Ellos están ahí, vivos, quizá como nunca lo han estado para mí. Es algo bastante peligroso si no estás acostumbrado. Esta obra fue todo un aprendizaje en varios aspectos, podría decirte.

Como un buen gangster, Lito Cruz no pierde las mañas, las potencia. Viene hablando de la profundidad del espectáculo, de la “locura” según Rantes y descarga un inesperado peine de metralla dirigido a la agente de prensa: “Che, qué buenas gambas tenés”. Después sonará varias veces su celular: “Son las minas”, se disculpa y sale. La misma escena, con el celular y las “minas”, se repetirá varias veces con este escurridizo Don Juan nacido en Berisso hace 72 años. Cuando vuelve, dice que Hombre mirando al sudeste en el teatro “da la sensación de que hay otro lugar un poco más protector que este mundo. Además, sobre todo, me interesó el concepto de Subiela para transmitir realidades a través de cierto surrealismo”.

¿Fue una referencia fuerte para ustedes las actuaciones de Hugo Soto y Lorenzo Quinteros en la película original?
Ortiz: Fue difícil alejarme de la figura de Hugo Soto. Aprendí que es algo con lo que tengo que convivir, no vi la película mientras ensayaba, porque prefiero quedarme con la sensación que tuve a los 13 años cuando la vi por primera vez: me encantó Cruz: Los personajes no existen. En realidad hay un texto que genera, por ejemplo, tantos Hamlets como actores lo hayan hecho. El texto está ahí y uno le pone el cuerpo, la sensibilidad y la emoción. Cada actor tiene su particularidad y deja su marca en lo que hace. A mi personaje, el Dr. Denis, ya lo había hecho Lorenzo Quinteros en el cine. Pero no me preocupa para nada, porque cada uno de nosotros tiene su propio estilo, aunque los puntos de partida sean los mismos.

Glezer: Para mí, las actuaciones y la película dieron forma a un cuento inocente.

¿Por?
Glezer: Porque lo que le pasó a Alejo como espectador, a los 13 años, se liga a que Eliseo Subiela tiene una gran inocencia en su relato. Sus personajes tienen dulzura, ternura y a eso lo relaciono con la inocencia. Pienso que hay formas más oscuras y perversos sobre la temática de la obra. Mi personaje, la Santa, fue trabajada desde un lugar ambiguo como son los roles femeninos en las películas de Eliseo. Creo que todos estamos teñidos por el realismo mágico de la película.

Subiela, pese a tu experiencia, no dejás de ser un director de teatro debutante. Y lo tuviste a Lito Cruz como protagonista. ¿Te costó dirigirlo?
Subiela: Sobre todo, Lito es un actor inteligente. Y una de las primeras consecuencias de la inteligencia es la humildad. Me pidió que lo dirigiera, buscó la constante devolución de mi mirada.

Cruz : Yo tengo una incapacidad, no me sé ver. Entonces confío mucho en el ojo del otro. Hago pactos y le doy el derecho de mi trabajo siempre al director, sea en teatro, cine o en televisión. Y aporto todo si me emocionan tanto el texto como las escenas con los compañeros.

Fuente: Clarín

Un recorrido por el interior
La primera vez de Subiela

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