jueves, 26 de julio de 2012

Comer de noche



Comer de noche

Una oscura historia familiar, con sólida dirección de Lorenzo Quinteros

Una cena familiar donde, aparentemente, la formalidad se impone. El hermano del dueño de casa llega con su nueva pareja y esto provoca en principio buenas expectativas. Entre los hermanos hay ciertos temas familiares que deben tratarse y ese ámbito parece un lugar ideal para ello. Pero la trama va tornándose más compleja. Esa historia familiar es muy intrincada. De ella no sólo participan unos padres fallecidos y una herencia por saldar sino que, además, la actual mujer del primero fue pareja del segundo. Una comida que se quema, botellas de alcohol que van vaciándose y unas conductas personales que parecerían ir desquiciándose mientras, afuera, la tormenta es intensa.

Si bien la dramaturgia de Romina Moretto y Lorenzo Quinteros apunta al desarrollo y crecimiento de los personajes, su concepción general resulta endeble y en muchos momentos eso resuena con fuerza en el escenario. Algunas situaciones son pequeñas estructuralmente y no aportan a la hora de fortalecer los diferentes conflictos que van apareciendo. Una mayor síntesis quizá concentraría el drama y lo tornaría más preciso.

Sin lugar a dudas, la mayor potencia está en la dirección de Lorenzo Quinteros y en su equipo de actores. El logra ir a fondo en la concepción de cada personaje y, cada uno a su tiempo, encuentra el espacio necesario para dar cuenta de su verdadera personalidad. Son muy intensos los momentos en los cuales se develan nuevas asperezas entre los hermanos o cuando cada pareja da cuenta de su verdadera relación. Romina Moretto, Gabriel Lima, Anita Gutiérrez y Julio Molina conforman un cuarteto muy efectivo a la hora de hacer crecer esa acción que termina imponiéndose, más allá de los inconvenientes señalados en el texto. Es que el comportamiento de esos seres expresa una profunda desventura y eso golpea con fuerza.

La escenografía de Félix Padrón aporta esa cuota de notable decadencia que continuamente va marcando el tiempo de esta historia que trasciende, sobre todo, porque no resulta difícil identificarse con ese mundo sombrío, que está muy cerca de cualquier espectador.

Fuente: La Nación
Sala: Payro, San Martín 766 / Funciones: viernes, a las 20.30 y sábados, a las 22.30

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