viernes, 22 de junio de 2012

Shopping & Fucking

El adormecimiento y el consumo como moneda neoliberal en "Shopping & Fucking"

“Shopping & Fucking”, una pieza del dramaturgo inglés Mark Ravenhill que ahonda en el universo sórdido del desamor y el desapego, se presenta bajo la dirección de Mariano Stolkiner en el teatro El Extranjero.

El relato gira alrededor a tres personajes, una pareja de jóvenes, Lulú y Robbie (María Milessi y Luciano Ricio) y Mark (Daniel Toppino), un hombre que abandona el espacio que comparten en busca de restitución, salirse de la adicción a la cocaína, buscar respuestas sobre sí mismo, una reparación.

Robbie, abandonado por su amante Mark, se queda con Lulú, hermanos adoptados de la pobreza y la supervivencia. Ella busca trabajo, mientras roba alimento y Brian, su nuevo jefe, personaje encarnado con total destreza por Alfredo Urquiza, perverso y mafioso, le impone la tarea de vender éxtasis, 15 mil dólares en pastillas que el Robbie debería vender y termina regalando.

Deviene la amenaza de muerte y una vez más la supervivencia: el trabajo incansable a lo largo de una semana para recuperar el dinero perdido bajos los efectos del psicofármaco, a través de la venta de sexo telefónico.

A su vez, el personaje de Toppino, reintegrado a la sociedad busca anestesiar sus sentimientos, pagando por sexo a un menor suicida del que se enamora y termina asesinando, transacción perpetuada en la logística del mercado por Robbie y Lulú que le ofrecen llevar a cabo su deseo a cambio del dinero faltante para saldar la deuda con el personaje de Urquiza.

La obra casi comienza con el monólogo de “Tres Hermanas” de Chejov y finaliza con la moraleja del mafioso Brian, en cuyas palabras resuena una cita bíblica, falsa y no tanto, tergiversada sobre la importancia del dinero como motor de deseo, motor de ejecución y vaciamiento del sentido.

“Shopping & fucking” aborda la rivalidad entre el amor y le belleza, frente al efecto anestésico del dinero y del deseo vacío de consumo.

Sin embargo, ese enfrentamiento, aunque cruento, resulta injusto, el personaje de Urquiza es la voz del poder, la voz del dinero, la voz perversa de la victoria corrupta, que logra convertir a la belleza como resultado, consecuencia y favor del dinero, la estética y el amor convertidos en productos que se dan sólo y a partir del metal, el poder, la mercancía noble y por eso, más dolorosa y embarrada.

Un personaje logra, sin pelearse con las reglas del juego, más bien al integrarse de lleno en su idiosincrasia, liberarse en un acto de honestidad personal. Gary (Lucas Lagré), el joven de 14 años de quien se enamora Mark, jugador compulsivo de fichines, abusado por su padrastro, ejerce la prostitución a la espera del “chongo” que lo saque de ahí, que lo libere, ve en la muerte sodomizada la liberación personal. La logra, se zafa del sistema, se une a su deseo de muerte y libertad.

Obra del dramaturgo inglés Mark Ravenhill, uno de los más importantes exponentes en la materia en los ´90, se mete de lleno en lo sórdido de un mundo cuya respuesta posible es el adormecimiento de los sentidos, una vida en la que todo vacío debe ser llenado por el consumo compulsivo y arrastra al amor, convertido en otra compulsión de deseo y sexo que empobrece en lugar de nutrir.

Se trata de una batalla perdida, la belleza sólo es posible con dinero, el campo de la estética, del amor y del arte se sumergen indefectible e irremediablemente en otra de las tantas mercancía.

Las últimas palabras de Brian son la manifestación visceral de lo que se sucede a lo largo de los acontecimientos de la obra. Resuenan en el espectador en retrospectiva.

El dinero es el motor y gestor del deseo, a la vez que esa reproducción material y vacua donde llenar el mismo vacío de la belleza, así como el deseo compulsivo y el sexo son el dispositivo que remplaza al amor y la salvación.

La libertad a la que aspiran Lulú y Robbie es la recaudación del dinero que debe ser entregado a término a Brian; la salvación de Gary es el deseo de muerte perpetrado por quien lo sodomice, pero sólo alcanza su libertad pagando por ella. Transacción en la que los cuatro personajes se ven beneficiados.

Sin embargo, es el personaje de Toppino (Mark) quien decide perpetuar el deseo de los jóvenes, el personaje que intenta alejarse para encontrarse a sí mismo y descubrir que la adicción y el adormecimiento de los sentidos y sentimientos (sea primero con la cocaína, pero de manera subyacente hacia el consumo) es el único modo, aunque doloroso, de sobrevivir.

Que la obra se presente en un escenario pequeño es una apuesta audaz que obligó al trabajo de dirección a achicar el guión, reducir los espacios y acelerar la temporalidad, y, pese a lo que podría ser una limitación, se resuelve bien, con tiempos dinámicos y un trabajo de luces y video que logran diferenciar los espacios y poner en foco cada una de las escenas.

La adaptación del texto convertido al neutro, deja atrás al locativo británico y logra así, que el tiempo y el espacio trascienden en lo indefinido sin quitarle potencia al texto original.

La obra, una puesta sólida y bien resuelta, sostenida por un muy buen trabajo actoral, se presenta en el teatro El Extranjero (Valentín Gómez 3378) los viernes a las 21.

Fuente: Télam

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