sábado, 9 de junio de 2012

Lito Cruz: Hombre mirando al sudeste


Lito Cruz, en una versión teatral del “Hombre mirando al sudeste”

Lito Cruz, protagonista de la versión teatral de “Hombre mirando al sudeste”, la puesta estrenada anoche en el Coliseo Podestá de La Plata basada en el trascendente filme que Eliseo Subiela presentó en 1986, arriesgó que entre ambas obras “solamente pervive el elemento místico; después, nada más”.

“La película tenía la poesía, la luz, la cámara, el encuadre, la música y eso se pierde al llevarla al teatro porque en escena la puesta está en manos de nosotros tres, nada más”, comentó Cruz a Télam sobre la puesta con la que Subiela debutó sobre las tablas y que Lito encabeza con Alejo Ortiz y Marina Glezer.

“Hombre mirando al sudeste” transcurría en el hospital psiquiátrico porteño José Borda, donde aparecía un tal Rantés (Hugo Soto, fallecido en 1994), quien aseguraba haber sido enviado desde otro planeta para investigar “la estupidez humana”, mientras era objeto de minuciosa observación por parte del psiquiatra Julio Denis (Lorenzo Quinteros).

El filme, que hace 26 años se aventuró a proponer otra realidad posible a la dicotómica polaridad que se cierne entre la razón y la locura, revive de la mano de este nuevo elenco con una vigencia absoluta.

“Si los dos somos humanos e iguales -pregunta Rantés a su médico-, ¿por qué usted tiene el uniforme de cuerdo y yo el de loco?”.

Luego de un intenso 2011 en la tira de Telefé “El Elegido” y en la pieza teatral “Todos eran mis hijos”, Lito Cruz le pone el cuerpo al viaje de “Hombre mirando al sudeste” del cine al teatro.

Con recientes 71 años, Cruz tomó parte en cerca de 40 filmes (entre ellos “Darse cuenta”, “Sur”, “La amiga”, “Facundo, la sombra del tigre” y “La revolución es un sueño eterno”) y es cara conocida en TV (“El garante” y “Epitafios”, por citar sólo un par de trabajos).

Lito es, fundamentalmente y además, un bicho de teatro como intérprete (“Madera de reyes”, “Juan Moreira” y “Sueños de milongueros”), director (“El barrio del Angel Gris”, “El pupilo quiere ser tutor”, “Extraño juguete” y “Emperador Gynt”) y hasta funcionario (Director Nacional de teatro, actualmente es titular del Consejo Provincial de Teatro Independiente).

La obra que anoche debutó en el Coliseo Podestá platense tendrá una extensa gira por otras ciudades hasta desembarcar en agosto en una sala de la Capital Federal.

La pieza será representada mañana a las 20 en el Teatro Roma de Avellaneda; el jueves 14 en Balcarce; el viernes 15 y sábado 16 en Mar del Plata y el domingo 17 en Necochea.

-¿Cómo te llegó esta propuesta?

-En realidad fue una propuesta de Rodolfo Cabrera, que es el productor de la obra, que desde hacía tiempo estaba tras el guión y que fue quien habló con Subiela para hacerle esta propuesta.

Digamos que a poco a poco fuimos armando el proyecto hasta que Subiela se largó. A mí me pareció interesante que una película que tuvo una gran importancia en el cine argentino por el tema, la estética, la forma de filmarse, entre otras cosas, sea llevada al teatro por el mismo director y que ese director, a su vez, debute con ella en teatro.

-¿Recordás qué te provocó cuando la viste?

-Me provocó algo que tenía que ver con cierta sensación de todos los seres humanos de que puede haber otro mundo diferente al que vivimos, y cuando me propusieron hacerla le dije que uno de los temas del doctor Denis es que él desea que hubiera otro mundo, que Rantés no estuviese enfermo y que la vida no se terminara tan rápido sino que ojalá todos tuviéramos otro lugar a donde ir.

-El miedo a la inevitabilidad de la muerte…

-Sí, se me aparecieron imágenes de mi mamá diciéndome sobre algún ser querido que se había muerto: “Mirá, si nadie volvió de la muerte, es porque se debe estar bien allá”. Y me aparecieron asociaciones de la infancia, de mi vieja diciéndome sobre alguien que fallecía: “Traten de desearle un viaje en paz”, como si la vida fuera un viaje y la muerte una parte más de la vida. La sensación de continuidad era algo que nos quedó a mí y a todos mis hermanos. Por eso, tanto la obra como la película me despiertan una relación con mi infancia, con ese concepto de que existe una continuidad.

-¿Qué aportó una película con una visión tan innovadora sobre la locura?

-Lo que plantea Subiela a través del personaje es ¿quién está más loco? Nosotros vemos gente muerta en al calle y seguimos caminando ¿Y quién está más loco? La realidad es que lo que muestra la película es que al final también estamos entre las víctimas, porque somos víctimas de nuestra ignorancia.

-¿Qué diferencias hay entre el Denis que hizo Quinteros con el que asumís en el teatro?

-Este Denis está solo, desahuciado, con nietos que no ve. Hay algo en él bastante derrumbado pero con cierto humor para salir del derrumbe.

-En lo personal, ¿te sentís más cerca del doctor o de Rantés?

-Yo me siento un extraterrestre. Por estas cosas del mundo de la infancia, de las colectividades, de ese mundo complejo de gente que venía de la guerra, hay todo un mundo en relación a eso, a la melancolía de los puertos, de Berisso y venían todos alegres a buscar trabajo. Y las impresiones de la infancia son las que producen el fenómeno del arte, las que producen los hechos artísticos.

Porque de esa infancia que uno tuvo cada quien jerarquiza algo distinto, y son esas las impresiones que quedan en el inconsciente.

Fuente: Télam

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