viernes, 22 de junio de 2012

Javier Zain: ¿Qué hago?



“La sinceridad sobre el escenario y el respeto por el público son valores fundamentales”

Javier Zain montó un nuevo espectáculo para toda la familia en el que pone sus habilidades actorales y musicales en un ambiente de puro juego y en medio de una explosión de colores e ideas simpáticas. Se trata de “¿Qué hago?”, su primer unipersonal luego de una fructífera producción del a veces mal llamado teatro infantil.

Por Hernán Salcedo

Marcos Miko es un oficinista que vive en un mundo rutinario. Como todo lo que lo rodea está planificado a la perfección, se estresa. Pero un médico le da la solución: dos días de descanso al aire libre y siete sobres con siete indicaciones a seguir para calmar sus nervios.

Esto es lo que cuenta “¿Qué hago?”, la obra en la que el director y actor Javier Zain se da el lujo de hacer todo lo que le gusta sobre el escenario: cantar, bailar, jugar con objetos, usar títeres y hacer clown.

La idea surgió en unas vacaciones, en pleno descanso playero y muy lejos del estrés que ahoga al personaje de la obra. “En contraposición a lo que me pasa a mí, que por suerte sé lo que quiero hacer, se me ocurrió que la obra podría contar la historia de alguien que no supiera qué quiere y mostrar cómo logra darse cuenta”, explica Zain en charla con Blog Teatro.

El oficinista, muy bien interpretado por este joven artista formado en teatro, canto, danza, acrobacia, clown y música, está vestido con un traje muy colorido, con una corbata que cambia de forma cuando se estresa y se traslada por el escenario en una extraña moto llena de pequeños detalles ingeniosos.

“Marcos tiene la posibilidad de descubrir el juego, la libertad y sus deseos. Verá que en las simples cosas puede encontrar espacios de placer, de juego. No necesita cambiar al mundo sino el modo en que lo vive y, en consecuencia, el mundo cambiará después”, agrega Zain.

No por tener una vida tan rutinaria es una persona amargada, sino que más bien, tenía la “alegría contenida”. Es sensible al cambio.

¿Cómo fue que se te ocurrió poner en escena a un personaje así en esta obra que a su vez es tu primer unipersonal?

Es un personaje que tiene que aprender lo más lindo de la vida: ser uno mismo, divertirse, escuchar sus deseos. Entonces es muy rico para generar diversas situaciones, algunas en formato de canción, otras como rutinas físicas musicalizadas, textos que expresen su confusión, diálogos con títeres que lo ayudan. Además, como autor me permite mostrar cómo veo a los adultos del mundo en que vivimos, hacer una crítica y dar mi aporte o consejo sobre qué creo que podríamos hacer para estar al menos un poquito mejor.

Es un mundo materialista regido por reglas hechas por otros y que no suelen contemplar las emociones ni sentimientos, que no atiende las necesidades del alma y nos obliga a llevar una rutina diaria que conduce a la alienación y la desconexión. Y Marcos descubre que habitando el mundo bajo otra perspectiva puede ser feliz. La felicidad no como utopía, sino como un modo de transitar el camino que vamos creando cada día.

¿Qué cosas en común tiene Marcos Miko con Javier Zain?

Comparto con el personaje el ser obsesivo y meticuloso. Me gusta estar en cada detalle, tener control de lo que hago. Pero más que control me gusta tener conciencia de lo que hago. El personaje sería mas un opuesto a mí en cuanto a la vida que lleva, pero somos parecidos en cuanto a que a los dos nos gusta jugar, divertirnos, aprender cosas nuevas.

Los objetos tienen mucho valor en tu obra y están usados de manera muy cuidada y detallista. ¿Qué hay detrás de esa decisión?

Es parte de mi estilo de trabajo, en el que todo lo que hay en la obra es texto. Todo cuenta, todo tiene sentido de ser y estar en escena. El vestuario, la escenografía y la iluminación están en función de lo que hay que contar. Cada acción, objeto o canción ayudan no sólo a contar la historia sino a dar pinceladas en los planos de la percepción, de la transmisión de sensaciones y emociones.

Soy muy respetuoso del espacio escénico. Estar arriba del escenario es un honor, un privilegio, más siendo que hay un público que vendrá a ver qué tengo para contarles.

Yo creo en contar más allá de la palabra. El material que usa un escenógrafo, la tela elegida por el vestuarista, texturas, colores, formas, tamaños… Más allá de lo estético, son elecciones que deben enriquecer el mensaje llegando al público a través de sus sentidos.

Cada objeto está diseñado para lo que debe hacer. Son objetos que remiten a los reales pero modificados poéticamente. Están también al servicio de las rutinas físicas que se hacen en el espectáculo, entonces deben tener un peso, forma y artilugios especiales para cumplir con las necesidades de la puesta.

La puesta en escena es como una “coreografía”, donde los recorridos y acciones están pensados. Ensayé en un salón de danza que tenía un gran espejo y además los filmaba para ir ajustando los movimientos y el espacio.

Veo a un actor que se divierte jugando en escena y que está muy atento a lo que pasa entre el público. ¿Coincidís?

Una de las cosas que quería hacer en este espectáculo era tener la libertad de improvisar en escena. Por eso generé una estructura y un lenguaje que me permiten por un lado disfrutar plenamente lo que tengo que hacer, lo que es parte del libro -andar en patines, manipular títeres, rutinas físicas musicalizadas al estilo Chaplin, cantar- y por otro lado improvisar tomando lo que ocurre cada función por la respuesta del público, los comentarios de los chicos. Hay espacios concebidos para la participación e improvisación, pero suelen haber sorprendentes comentarios y participaciones de los chicos en otros momentos. Tratando de no dispersar el relato, intento incorporarlos a la historia. Es un proyecto que tiene como fundamento el disfrute.

Después de tantas obras montadas para público infantil, ¿qué elementos creés que nunca deben faltar para hacer un espectáculo destinado a chicos?

Lo que uno nunca debe olvidar al hacer un espectáculo infantil es el rol que tiene el teatro: contar una historia, transmitir un mensaje, generar inquietudes, estimular la imaginación. Entretener es importante, pero si se le suma opinión, una mirada sobre el mundo, el teatro puede ser un espacio formador, educativo, y no en el sentido escolar sino educativo en cuanto a que nos enseña en el plano de los sentidos, las emociones, las vivencias.

Cada espectáculo tiene su modo de ser contado, lo que hay que usar es un lenguaje que haga accesible e interesante para los chicos lo que se quiera mostrar. La sinceridad sobre el escenario, el juego verdadero, la fe en lo que se está haciendo y el respeto por el público familiar, son valores que creo fundamentales.
Cuando uno no es genuino, el público infantil lo capta y se dispersa. Cuando uno se entrega y logra contactar francamente con la platea, se crea un diálogo maravilloso en el que el actor y el público se sumergen plenamente en lo que sucede.


¿Qué hago? La aventura comienza al preguntar. 
Sábados y domingos a las 16.30 en el Centro Cultural de la Cooperación (Sala Pugliese), Av. Corrientes 1553, CABA. Entrada: $50. Duración: 70 minutos.

Ficha técnica
Libro y puesta en escena, coreografía e interpretación: Javier Zain
Composición y producción musical: Esteban Rozenszain
Asistentes de dirección: Rosina Calabria, Lola Acheriteguy, Federico Scheinkerman
Dirección de arte: Javier Zain
Escenografía y utilería: Gabriel Díaz y Analía Gaguín
Títeres: Adriana Sobrero
Vestuario: Mónica Toschi
Asistente de vestuario: María Josefina Vecchietti
Realización de galera: María Auzmendi
Maquillaje: Daniela Tolini
Diseño de iluminación: Javier Zain
Diseño gráfico: Javier Zain
Fotografía: Carlos Suter
Producción y dirección general: Javier Zain

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