domingo, 10 de junio de 2012

Florencia Peña




“A veces es difícil metabolizar tanta agresión”

En teatro interpreta en El hijo de puta del sombrero a una mujer que no puede con su vida y, desde mañana, bailará en ShowMatch, el programa más visto de la tevé. Los días de esta actriz son así de intensos: separación, política, Twitter y flores de Bach en un mismo cocktail.

Lleva 30 años recorriendo los pasillos y camarines de estudios de televisión. Allí creció, aprendió y se hizo famosa. Florencia Peña es una de las actrices de su generación que casi todos conocen. O la vieron de adolescente en Son de diez, o con Marley tentada ante alguna torpeza, en fuertes escenas de sexo en Disputas o haciendo reír hasta el cansancio con sus papeles en La niñera y Casados con hijos. Cuando se la ve tomando flores de Bach y hablando de meditación, después de una larga sesión de fotos de moda donde jugó divertida a la modelo, flaquísima y muerta de frío, no es difícil de entender que ella vive su vida así, como una montaña rusa. Si el carrito se pasea, Peña lo disfruta, si baja a toda velocidad, larga la risotada.
Hace unas semanas debutó con El hijo de puta del sombrero, donde comparte cartel con Pablo Echarri y Fernán Mirás, dirigidos por Javier Daulte y desde mañana participará de Bailando por un Sueño, conducido por Marcelo Tinelli por El Trece, con Charlotte, la hija de Caniggia y Ayelén Paleo, entre otras concursantes. En el medio enfrenta las polémicas por haber trabajado en la TV Pública, defender el modelo kirchnerista y, ahora, estar en “la Corpo”, como ella misma lo describe.

–Muchos de los que te conocen cuando se supo que ibas a Bailando por un Sueño hablaron de una decisión “muy Flor”. ¿Sentiste que a alguien de tu círculo íntimo tenías que darle alguna explicación?
–No, de mi círculo íntimo no porque me conoce. Es un riesgo tan grande que a nadie más que a mí se le hubiera ocurrido dar este volantazo. Es una propuesta muy arriesgada, muy border. Pero tiene un costado muy interesante, lúdico, con el que lo estoy pasando muy bien y tiene que ver con el baile. Es como conectarme con mi niña y salir a jugar. Estaba más para hacer eso que para meterme a grabar ocho horas una tira.
–La que sale a bailar sos vos, no es el personaje de una tira ni de una obra de teatro.
–Sí, y sé a qué público le hablo: al que le gusta que yo haga reír, verme con Marley, el que me dice volvé con Moni Argento. Es un público que yo necesitaba recuperar. Llegó un momento que con toda mi exposición sobre mi ideología y lo que pienso sobre el país nos habíamos alejado. No por ellos, sino porque yo me puse en un lugar más de seriedad. Ahora empecé a entender que lo que yo pienso es lo que pienso y no se modifica, pero también tengo la necesidad de mostrarme de nuevo en ese lugar donde todos somos felices, porque yo también soy feliz. Tengo libertad en mis elecciones pero tengo mucha percepción y sentí que la gente me quiso decir: “buenísimo pensá lo que quieras, pero nos gusta verte cuando nos hacés reír.”
–¿No esperabas esa reacción cuando comenzaste a mostrar tu postura política?
– No. Gané muchas cosas para mi vida, no voy a negarlo, pero hay un público al que no le interesa la política o que yo hable de política y de ese público empecé a distanciarme. Ahora creo que puedo seguir siendo la que soy, pensar lo que pienso, pero sin ponerlo tan adelante porque yo soy actriz, es lo que siempre he hecho en mi vida y no quiero dejar de hacerlo.

En teatro a Peña se la ve, desde hace tiempo, en una faceta distinta. Hace unas semanas volvió a trabajar bajo la dirección de Daulte (Un dios salvaje). En El hijo de puta del sombrero compone junto a Echarri y Mirás a un trío de seres que sobrelleva una vida de dolor y desesperanza. Ella es Valeria, una mujer al límite, adicta y sin demasiadas perspectivas a futuro.
“Mi personaje es el más dramático de la obra y realmente me fue muy difícil llegar a encontrarme con ella y no odiarla. La tuve que querer, que entender. Me pasó algo que nunca me había pasado con ningún personaje y era que la boicoteaba, hasta que entendí que era una gran oportunidad de mostrar una faceta distinta y conocer a un personaje que está muy alejado de mí y en un mundo que yo no conozco”, describe la actriz.

–¿Cuál es hoy la mirada que tenés sobre Valeria?
–Es una mujer como muchas que viven el día a día, que intentan sobrevivir y no piensan demasiado en los sueños porque creen que nunca los van a lograr, que las cartas ya están echadas. Se conforman con pagar el alquiler, llegar a fin de mes y tratar de mantenerse vivas. Al ser una consumidora de cocaína y no tener la intención de recuperarse, la tristeza y el mundo en el que está inmersa la lleva a un lugar de poca esperanza. No hay futuro, es muy corta la mirada, porque si se expande y abarca más sueños e ilusiones, se matan.
–¿Te hubiera resultado más fácil para trabajar tener empatía con Valeria, entender sus motivaciones?
–Sí, básicamente nunca tomé cocaína y no lo digo desde un lugar moralista, nunca necesité consumir ni me interesó, entonces me sentía muy alejada de Valeria. No sé lo que la cocaína puede generar en el cuerpo.
–¿Que “tipos” observaste?
–No quise hacer el estereotipo, me parecía que estaba bueno escuchar a algunas personas que alguna vez han tomado, qué se siente, cómo es el bajón, cómo te acelera. Yo soy muy eufórica, así que alguno podría pensar que tomé algo. Me copó encontrarle la oscuridad al personaje, esta cosa sórdida. Te das cuenta que le está doliendo la vida. Son personajes que actúan sin pensar. No pensar es lo que les ayuda a sostener la vida que tienen. Estoy contenta de haber encontrado en Valeria algo que le devuelve un riesgo a la actriz. En teatro puedo experimentar.
El año pasado Florencia Peña trabajó actuando y produciendo en la TV Pública Sr. y Sra. Camas. El programa no fue bien de rating y fue muy criticada. Pero, más allá de los comentarios sobre el valor artístico o no del ciclo, su capacidad o no de entretener, a la actriz todavía le duele que se la haya acusado de quedarse con plata del Estado.
 
–¿Sentiste que pasaste más por interrogatorios que por entrevistas?
–Sí, todo el tiempo lo siento. Por eso me río cuando dicen queremos preguntar. Yo digo: “paren de preguntar porque yo no puedo más de contestar” (risas). Intento no ponerme a la defensiva porque no es una situación copada, tampoco victimizarme, pero me hago recontra cargo de lo que hice y de lo que hago. También hago autocrítica y creo que tendría que haberme puesto menos pasional al hablar de mis ideas. Por ahí no se entendió, pero dar por sentado que a mí me pagan, que soy mantenida por los impuestos de la gente es un delirio. Se mezcla todo. Los que me atacan porque me paga “la corpo” son los mismos que me atacan porque hice un programa en Canal 7 y no son los que pagan los impuestos. Me mata ese discurso que se puso de moda “con nuestros impuestos”. Con ese criterio, no habría obras en el San Martín, el Cervantes, no habría ballet, ni Colón. La cultura de un pueblo es parte de lo que somos. ¿Por qué no le dicen a Norma Aleandro que la mantienen? Lo que yo he hecho, como lo hago de tan chiquita, está a la vista, lo bueno y lo malo. No hay ningún hecho en mis 30 años de carrera que los lleve a pensar que soy una corrupta, una trepadora. Yo soy una mina que se ha defendido con su carrera y su trabajo.
–¿Te sirvió Twitter para darles una vuelta de tuerca a todos esos comentarios y divertirte?
–Sí, y ahora estoy armando un canal que se llama Lasexcusasnosetelevisan que se puede ver en YouTube y donde subo videos riéndome de eso.
–¿Lo paga el gobierno?
–Noooo, es una manera de reírme de todas esas cosas porque me parece que desde el humor uno puede exorcizar. A veces es difícil metabolizar tanta agresión y no colapsar.
–¿Y tenés seguidores de “la corpo”?
–No, de la corpo no y es rarísimo porque yo les pongo: “¿No tienen que estar contentos que me pasé a la corpo?” Y no, porque en el fondo saben que yo sigo pensando lo mismo. Me tratan de traidora, pero los de la corpo, no los kirchneristas, así que no se entiende. Es buenísimo porque yo escribo los domingos en Tiempo, y el que quiere darse cuenta de cuáles son mis ideas están muy a la vista porque no las cambié.
–¿Vas a dejar que tus hijos vean Bailando?
–Obvio, los quiero llevar. El lunes me prometieron que venían. Me divierte lo que me va a pasar ahora. Es un mundo que no conozco. Sé que el programa tiene un costado con el que voy a tener que lidiar pero, a priori, mi intención es no entrar en ninguna encrucijada que me lleve a pelearme con nadie.
–Te metés en la boca del lobo.
–Por eso digo que es un riesgo. Mi desafío es atravesar esta oportunidad con alegría, humor y siendo honesta y fiel a mis principios. De hecho mi sueño tiene que ver con la violencia de género y es algo que nunca hubo en Bailando. Quiero hacerles un refugio a mujeres muy humildes de Lomas de Zamora para que puedan vivir con sus hijos en ese lugar.
–¿Vos elegiste el sueño?
–Sí, lo armamos con una amiga y eso es un recontra estímulo para llegar a la final.
–En el programa cada vez se habla menos del sueño.
–Yo voy a tratar de hablar. Ojalá lo cumpla. Creo que darle visibilidad a esto en un programa de tanto rating es algo muy interesante. Además se dijo que es un programa que trata mal a las mujeres y yo pienso que, aunque el contexto no es el que muchos creen, yo soy una mujer que me quiero, quiero a las mujeres y creo que todas somos defensoras de nuestro género. En un programa que a veces se lo critica por el maltrato mediático, te podés plantar y decir: “Las mujeres también podemos cortarle el pantalón al hombre.” Así que ahí voy a estar con la tijerita.
 
Momento difícil

Florencia Peña reconoce que aceptar participar en Bailando por un Sueño y hacer en simultáneo El hijo de puta del sombrero tuvo que ver con la necesidad de poner la atención en otra cosa, en un año sentimentalmente difícil ya que después de diez años de relación se separó del músico Mariano Otero, padre de sus dos hijos. “Me re sirvió tomar este desafío. Nunca es lindo separarse, no es algo recomendable para nadie. Es duro afrontar una separación y me parece que las decisiones que tomé este año tuvieron que ver con eso. El teatro me descarga mucho y el baile también. Ojalá pueda manejarme con inteligencia, llevar al programa mi humor y alegría y no caer en ninguna bajeza, no me lo perdonaría.”

“Nunca pagué más impuestos que con el kirchnerismo”

Hace unos días desde su cuenta de Twitter (@Flor_de_P), Florencia Peña ironizó con los cacerolazos: “Yo vendí todas mis cacerolas en dólares, cague ahora no tengo con q ir a la marcha”, escribió, entre otras cosas, y aun hoy sus palabras tienen repercusiones. “Me dí cuenta que no entra, todavía me llegan respuestas. Es que yo la veo a Pando ahí y bueno, no estoy ahí. No quiero ponerlo en términos de bandos, porque no creo en bandos y también soy crítica con las cosas que pasan en el país, pero no estoy. Tampoco pienso que creer que el kirchnerismo es lo mejor que nos puede pasar sea la solución de los problemas. Estoy a favor de muchas de las medidas que se toman y creo que se puede construir sobre las cosas que todavía faltan. Me criticaron mucho porque yo dije ‘en un país donde todavía hay gente que se muere de hambre’ y sí, lo digo. Nadie puede decir que en la Argentina no se muere gente de hambre. Pero eso no significa que haya fracasado el modelo, significa que estamos yendo hacia ese lugar, a que no haya más gente con hambre”, considera la actriz.
Y agrega: “Hay un montón de medidas que hay que tomar que afectan a los que más tienen, y yo soy de ese grupo. Yo podría estar con la cacerola en la calle y no estoy. Entonces ahí molesta, cuando la crítica viene del lugar donde vos pertenecés. Yo nunca pagué más impuestos en mi vida que con el kirchnerismo. Con el 1 a 1 hubo actores que se hicieron millonarios, entonces yo podría defender las políticas neoliberales. Nosotros cuando trabajamos, bien, pero cuando no, nos comemos los ahorros y tenemos que pagar el 35% como pagan todos los empresarios, pero sin vacaciones, sin aguinaldo ni indemnización. Más allá de que yo tenga una casa más grande o más chica también me podría haber callado la boca. Cuando me critican y me dicen ‘tu presidenta, tu modelo’, yo les digo que no es mi presidenta, es la de muchos que la votaron y si no les gusta la realidad, están las urnas. Esa es la democracia, poder ir a las urnas y manifestarse, no esta agresión que estuvimos viendo y que no le hace bien a nadie. Que le den patadas a un camarógrafo porque trabaja en 6,7,8. ¡Imaginate si le hubieran dado patadas a alguien del 13. Se para el país!”

Periodistas famosos

–El otro día te enojaste con el móvil de un programa por un comentario que te ofendió. Bailando tiene mucha agresión del jurado, los participantes, dentro y fuera del juego. ¿Cómo te vas plantar frente a esto?
–Cuando a mí me faltan el respeto yo lo digo. Esto va a ser así en Bailando, en un móvil, una nota, la calle, porque así soy de escorpiana. Mi charla larga con Marcelo fue  que este año no quiero agresión, no me interesa ir por ese lado de la violencia pero hay cosas que se escapan. Yo creía que había cosas armadas y se lo pregunté, y él me dijo: “Te juro que se me escapan de las manos y eso es real. Pero creo que te tienen un respeto tan grande por cómo sos como artista que no te van a faltar el respeto.” Lo que yo tengo es que entrar en el juego en sí mismo y no enojarme si me dicen “bailaste mal”, “el pie no me gustó”, etc., porque ahí el pensamiento sería, ¿para qué dijiste que sí? Yo creo que es un momento del país donde debemos bajar un poco los decibeles de agresión y yo no me banco cuando alguien agrede al otro. En ese caso hay que manifestarlo y fijar límites desde un lugar de respeto.
–¿Creés que se corrieron algunos límites?
–Yo desde hace años empecé a sentir una agresión que nunca había sentido. Empecé a ver cómo los medios se ponen más feroces. Creo que lo que pasó es que ahora lo mediático es tan trascendente en la vida de las personas que hasta los periodistas jóvenes quieren ser famosos. Antes el periodista era el periodista, el actor el actor, el que hablaba de espectáculos hablaba de eso, el de política de política, el que quería dar una información y mantenerse neutral lo hacía pero ahora es un momento donde está todo mezclado. El periodista quiere ser como el actor, el actor no entiende por qué el periodista le compite y lo está maltratando y hay toda una mezcla de situaciones donde te termina diciendo cualquier cosa cualquier persona.

Fuente: Tiempo Argentino

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