miércoles, 13 de junio de 2012

Emilio Disi


Emilio Disi: “No me gustan los ensayos”

Actor popular, salió del Conservatorio Nacional y triunfó con “Los bañeros más locos del mundo”. Conocedor del oficio, habla de Olmedo, Porcel y Altavista.

Armando Discépolo me decía : “Aquí déme un tono azul”, “aquí un tono verde clarito”, “un tono amarillito”. El hablaba en colores y tonos. Yo no le entendía un carajo, pero como había hambre y yo había renunciado al Banco Hipotecario, si me pedía “un azul marino” yo me pintaba la cara de azul marino. No me importaba nada. Yo le decía a todo que sí.

Tuve mucho culo en mi carrera . Cuando empecé en el San Martín hice Stefano , de Armando Discépolo. Ocho años estuve trabajando en el San Martín, entre 1964 y 1972.

No me gustan los ensayos . Pasar letra es lo que menos me interesa de este trabajo. Prefiero improvisar. Siempre creo que lo mejor que puede suceder en un escenario es que lo que vea el público sea creíble. Para eso hay que lograr un idioma fácilmente identificable.

A los grandes autores argentinos , Somigliana, Halac, Gorostiza, Rozenmacher, les agarra un ataque con la popularidad de la televisión. Decían que ellos tardaban un año en escribir una obra y, con los tiempos de la tele, cuando terminaban de escribir, la pieza les quedaba demodé. Como sostenían boludamente que la televisión se fagocitaba todo lo que escribían, se juntaron para hacer espectáculos de sketches: El grito pelado , La pucha , El avión negro . La idea era escribir rápido y no perder vigencia. En esa época elegí los mejores sketches de cada espectáculo y durante dos años y medio hice Rajá de la soledad . Me fue genial.

En esta carrera algunos, se manejan por lobby; otros, por coincidencia; y otros tienen suerte. Yo llegué a Discépolo porque Luis Brandoni le dijo al viejo: salió un pibe del conservatorio que es buenísimo. Brandoni, que prácticamente no me conocía, me llamó, me habló de la Comedia Nacional, y quedé.

Cuando Olmedo hacía las películas con el Gordo Porcel , yo empecé con la Brigada y después, con Francella. Era un palo a palo hasta que hacemos Los bañeros mas locos del mundo , en el ‘86. Porcel dijo: “Con estos dos pendejos no pasa nada”. ¿No? A mí el éxito de taquilla no me interesa, pero logramos diez veces más espectadores que ellos, y me encantó. El Gordo era un tipo muy despectivo.

Olmedo fue el comediante número uno . Inimitable, inigualable, lo mismo que Minguito. Cuando se enfermó Altavista, un día vino Gerardo Sofovich y me dijo: “La silla es tuya”. Le respondí que ni en pedo me sentaba en la silla de Minguito. Y se sentó él. El Negro Olmedo improvisaba mucho menos de lo que la gente cree. Había una gran base autoral en su supuesta improvisación, y eso se lo debía a Hugo Sofovich.

La llamada “impro” de hoy , la que se reglamenta y se esquematiza, para mí deja de ser improvisación.

La tercera función en Carlos Paz no la podés sacar de taquito , a menos que seas un mal agradecido. Son tantas las ganas de reírse que tiene la gente, que es imposible tirar esa función a la basura.

Los actores tienen una frase preferida: “¡Qué cansado estoy!”. En teatro la función dura una hora y media, y uno, en tiempo real, labura alrededor de una hora. ¡Una hora por día! No hay derecho a quejarse.

Muchas veces me pidieron encarar determinado personaje de otra manera , buscando un efecto distinto. Al tercer ensayo me dicen: “No, mejor metéle cosas tuyas, de Emilio Disi”. Así Emilio termina convirtiéndose en un personaje.

Con Dorys del Valle funcionamos como pareja actoral , pese a una cosa que para mí es gravísima. Yo tengo memoria visual y no me gusta laburar con actores que tienen memoria auditiva. Dorys tiene memoria auditiva. Yo leo un libro dos veces y ya tengo la foto, ya sé dónde está el bocadillo, conozco mi letra, la tuya. Con Susana, con quien trabajé 14 años, leíamos una vez el libro y lo tirábamos: nos quedaba la letra y aparte nos gustaba improvisar. Dorys tenía que pasar la letra treinta veces y cuando pasa eso, la cosa se mecaniza y la gracia se pierde.

Conmigo la crítica siempre fue muy obvia . Cuando hago mis películas consideradas “menores” y “comerciales”, sé que me van a matar. Y me matan. Y cuando por ejemplo hice Querida voy a comprar cigarrillos y vuelvo , de Cohn y Dupat, estaba seguro de que las críticas iban a ser maravillosas. Y no me equivoqué.

Fuente: La Nación

Mini biografía

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