domingo, 17 de junio de 2012

Dady Brieva


Dady Brieva: Nacional y popular

El cómico elige “El padrino” y, después, todo argentino: Mores, Tinelli, Tato Pavlovsky y Enrique Medina.

No es original Dady Brieva cuando se describe como un “cronista de una época que no tenía registro”. “Siempre digo que tengo grabada la ecografía tridimensional de mi hijo, pero no tengo la voz de mi papá, porque no la tengo grabada”, agrega. “Siempre” lo dice, cuenta. Y explica que de ahí, de esa condición de relator de la cotidianidad nacen las historias que cuenta. Que construye con “fotos, olores y sensaciones de una época en la que fuimos felices con nada”. Postales de barrio, que reivindica hasta en esos gestos de creer cuando conviene, que tan bien ilustra con la última escena de El padrino, “cuando Michael le dice a Kay que no se meta con su trabajo; y ella, con su asentimiento, le hace la última pregunta: ¿Mataste a tu cuñado? Y el lo mira y le dice: No. Y se abrazan.” “Esa cosa de tengo los aros, la bombacha y el forro que utilizaste con la mina que me corneaste. Pero, decime vos, ¿te la volteaste o no te la volteaste? Y el marido que dice: No. Esas cosas de no creer, tan de mi época, de mi familia, de mi barrio. De convivir con la vida. Con los diablos y los ángeles. Está bueno.”

La película

El padrino (1972)
De Francis Ford Coppola

“La vi 750 mil veces. Es como Las Veinte Verdades Peronistas. Es como una biblia, para los tipos de mi generación, con frases que te sirven para la vida. El cegarte nubla tu razón; que tu enemigo nunca sepa si estás enojado; o como la de Scarface: No te drogues con lo que vendés. Todas esas frases forman parte de mi vida. Mis amigos lo saben, y en cada cumple me regalan la colección completa. Conozco la película, sé cómo se hizo, cuándo se dio. Me emociono cada vez que la veo y repito todos los diálogos, porque ya me la sé de memoria.”

La canción

Tanguera (1957)
De Mariano Mores

“Yo era primer hijo, y mientras mi mamá planchaba, yo jugaba con un autito; y en la tele había una novela con María Vaner y Alberto Argibay, cuyo leit motiv musical era esta canción. Que también la usó Leonardo Favio en Gatica y en Sinfonía de un sentimiento. Como yo, que la pongo, y me lleva a lugares en los que yo quiero estar. Me modifica, me ayuda a crear, y es parte de cada espectáculo que hago.”

El programa de televisión 
ShowMatch (2005 – presente)
Por El Trece

“Soy bien peronista. Lo elijo porque sí. Además, admiro mucho lo que hace Marcelo. Siempre digo que desde el under todos somos dignos. Cuando hacíamos teatro, al comienzo, recuerdo que decíamos que Darío Vittori, o tipos como (Jorge) Porcel, eran unos hijos de puta. Durante mucho tiempo pensé así, como un pelotudo; hasta que después, cuando me profesionalicé, entendí que cuando te dan la gorra tenés que ser digno. Cuando tenés el poder, tenés que ser digno. Y surfear esa ola, en la cresta. Ahí es donde se ven los guapos. Trabajando en el (Centro Cultural) Rojas, todos somos guapos y tenemos dignidad. Otra cosa es cuando te dan presupuesto y poder.Y en el caso de Marcelo, de quien no soy amigo, a cuyo programa voy gratis porque me vende el teatro, valoro el asesino profesional. Valoro el tipo que, en su esencia, es consecuente con lo que hace y piensa. Hasta, por ahí, valoro la dignidad del enemigo mucho más que la de muchos de mis amigos. Aún no compartiendo algunas cosas, digo: ‘Muy bien, no te tiembla el pulso. Vas adonde tenés que ir. Si tenés que llorar, llorás. Hacés todos los deberes.’

Y visto así, Showmatch es el show del prime time para el tipo que sale de laburar, llega a la casa y el hijo está haciendo la tarea, la mujer le mete la milanesa, y se toma el vino mientras ve cómo Marcelo le corta la bombachita a Evangelina Anderson; y la gente baila; y tiene una enana, y se mezcla todo. Es un show interesante para un laburante argentino. El día en que el laburante mire canal Encuentro vamos a estar hablando de otro país, que vota a otra gente. Ahora tenemos esto.

No está bien ni mal. Pero si medís, tenés que medir con la misma vara el fútbol, la seguridad y todo. Porque si vas a medir únicamente lo que hace él, y después dejás que te entre agua por la inundación, no sería justo. Si no mido todo lo otro, tampoco voy a medir esto.

Sobre todo, porque lo hace en un canal que no lo siente como propio; y nunca lo va a sentir. Es como (Carlos) Monzón, cuando iba a Francia. Se sentaba con Carolina de Monaco, pero nunca iba a pertenecer al jet set. Así, para el El Trece, Marcelo siempre va a ser grasa. Porque El Trece es Mujeres asesinas. Mirá que trabajé ahí, que soy consciente de lo que estoy diciendo, porque sé que estás grabando y no soy ningún boludo. Pero lo digo para que quede. A un tipo que lucha contra todo eso, y la gana; y que podría estar trabajando en Telefe y no lo está, le digo: ‘Vamos Marcelo’. Y te puedo asegurar que no cruzo dos palabras con él. Pero estoy podrido de declarar de una manera, y pensar de otra. Estoy podrido de decir que me gusta Mujeres asesinas y poner a Marcelo cuando llego a casa. Porque, al final, es como pasaba con Agrandadytos. Todos me decían que era bárbaro, pero nunca superó los 16 puntos.  

La obra de teatro

El señor Galíndez (1973)
De Eduardo “Tato” Pavlovsky

“La elijo por lo que significó en mi vida, en la época del Teatro Abierto, de la militancia, que es algo de lo que he hablado en más de una ocasión, pero con lo que nunca hice marketing. Pero, a mí me dan los números. Yo sé de lo que hablo, cuando hablo. Te puedo mirar a los ojos y decirte lugares y fechas. No todos pueden hacer lo mismo. El vago que estuvo en cana, no anda haciendo ostentación. Porque, en realidad, la cana no es algo para andar contándola. Y la militancia, en mi época, era tan obvia, tan cotidiana -como lavarse los dientes-, que no es algo para ostentar. Si vos no eras militante, no te levantabas una mina, no la ponías, no hacías nada. Yo lo digo en un monólogo. Los intelectuales, los inteligentes y los pelotudos, estábamos todos tratando de cambiar el mundo.

Justamente, en coincidencia con esa época, en el ’73, yo empecé a hacer teatro en Santa Fe. Bertolt Brecht, Tenesee Williams; con la impronta del interior, claro. Se hacía como salía, como se podía, con lo que había. Era una época en la que no se viajaba. En la que, en la Asociación Argentina de Actores de Santa Fe, donde éramos como 300, sorteábamos un par de viajes a Buenos Aires, venían dos vagos –recuerdo que alguna vez vino Mary Canca-, y cuando llegaban acá como Rosa de Lejos, hacían maratones de ver teatro y se volvían. Entonces nos juntábamos todos, y nos contaban lo que habían visto. Nos contaban que estaba Carlos Carella, Tato Pavlovsky, que habían visto a ‘la que trabajaba en el Clan Stivel’. Para nosotros era como ir al Central Park y cruzarte con Yoko Ono. En ese contexto vi la obra, en Santa Fe, interpretada por dos rosarinos. Nunca vi la versión original, pero ya entonces sabía que hacerla era como jugar en el Barsa.”

El libro
Las muecas del miedo (1981)

De Enrique Medina
“Lo sórdido de Medina me atrapa. Si bien es muy fatalista –yo no lo soy tanto-, su manera de escribir y de comunicarse con la gente es igual a la mía. Si yo hubiese sido escritor, me habría gustado comunicarme de esa manera. O, más bien, no habría tenido otra manera de comunicarme.”

Fuente: Clarín

De tías e intuiciones

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