martes, 17 de abril de 2012

Enrique Pinti, Alejandra Flechner y Luis Luque: Lo que vio el mayordomo


“Es una mirada crítica sobre el mundo”

Tres grandes actores se animan a encarar Lo que vio el mayordomo, una obra
del polémico y prestigioso autor inglés Joe Orton. El estreno será mañana en el
Teatro Lola Membrives, y cuentan con entusiasmo los entretelones de los ensayos.

C ara de espanto. Esa es la primera expresión que elige Enrique Pinti cuando le preguntan cómo vive el momento previo al estreno. Mueve la cabeza, empuja sus labios para afuera y logra que sus ojos parezcan desorbitados. Enseguida, logra las carcajadas de sus compañeros: Luis Luque y Alejandra Flechner y remata la situación con una frase, fiel a su estilo: “Siempre está la famosa actriz ‘Elca-Gazo’, que nos trae problemas.”
Los tres actores estrenan mañana la obra Lo que vio el mayordomo, con dirección de Carlos Rivas. Se trata de la última pieza teatral que escribió Joe Orton, un polémico dramaturgo inglés que en su corta vida se caracterizó por sus textos confrontativos y de sátira a una sociedad hipócrita (ver recuadro). Los actores viven cargados de ansiedad el momento previo al estreno de una obra que es, en esencia, una comedia de puertas, pero cargada de un sentido de denuncia a las incongruencias del abuso del poder. Se interrumpen, no se cansan de contar anécdotas, y se ríen y reflexionan a la vez sobre la experiencia de actuar una obra que les pide que se vuelvan locos.

–¿Cuál es el principal miedo antes de estrenar?
Enrique Pinti: – Siempre estamos con ansiedad. Al mismo tiempo, tenemos la seguridad de que la obra “la tenemos”. Pero uno no puede estar en una montaña de soberbia y pensar que se las sabe todas. La obra tiene muchas lecturas y se puede tomar de una serie de costados. Nosotros hemos elegido dos o tres, pero bueno, no sabemos si es lo que busca la gente.
Luis Luque: –Esta es una obra muy particular dentro del autor. Más allá de las lecturas, que implican una crítica a la sociedad dominante, se trata de una comedia de puertas e incluye un humor oscuro. Se puede diferenciar de otro tipo de comedias por la profundidad que tienen los personajes.
E.P.: –Esta obra fue un proceso cortado por la muerte del autor, que fue cuando era muy joven. Se nota que estaba haciendo un proceso de formación como dramaturgo. Hay una diferencia entre sus primeros textos y este. Siempre con un contenido intenso, oscuro, revulsivo y para escandalizar a una sociedad que estaba en plena eclosión, como es la década del sesenta, la de los Beatles. Una sociedad que todavía estaba reprimida, muy victoriana. La música era la única rama de la cultura que se había soltado el pelo. El resto de las disciplinas, como el teatro, seguía muy reprimida.

Aunque es difícil resumir la trama de una obra que, por momentos, termina en el absurdo y el grotesco, la historia de Lo que vio el mayordomo transcurre en una clínica psiquiátrica dirigida por un prestigioso médico. Allí, llega imprevistamente un exótico funcionario del Ministerio de Salud Pública, para hacer una inspección de su funcionamiento. A partir de ese momento, todo serán desopilantes situaciones que se desatan entre esposas infieles, empleados acosadores, secretarias de dudosa identidad sexual, médicos y pacientes en paños menores.

–¿Cuáles serían los temas de la obra?
Alejandra Flechner:– Se arma una santa trinidad entre la locura, los mandatos culturales, los prejuicios, cumplir con los roles sociales y la sexualidad.
E.P.: –En una sociedad básicamente hipócrita.
A.F.: –Siempre se está bajando línea sobre cómo hay que comportarse de acuerdo a su clase social, a su vestimenta y a su sexualidad.
E.P.: –Mi personaje es el inspector, que representa al Estado y declara loca a la gente que no hace lo que él quiere que se haga. Y los termina convenciendo de que están locos.
A.F.: –En realidad, lo que se termina viendo es que el propio Estado es el que está loco. El loco mayor es el poder, la locura mayor es la que baja desde arriba. Se ve cómo todos van anestesiando sus desgracias y padeciendo los mandatos del Estado.
L.L.: –Es como si alguien entrara a un lugar y dijera: “¡Las cosas son así y listo!” Le bajan a la gente unos lineamientos culturales de los que no tienen salida.
A.F.: –Es una mirada crítica sobre el mundo. El mundo está organizado de una manera vertical. Es interesante ver cómo el mandato que baja desde arriba le arruina la vida a la gente.
–¿Cómo funciona el humor para transmitir esta crítica social?
E.P.:– Bajo la apariencia de una comedia normal hay una comedia absurda. Los personajes van cayendo en el absurdo.
A.F: –Hay humor de todas las calañas. Uno más de la palabra, a lo Oscar Wilde; otro que es muy ramplón, muy directo, sexual, el guiño más obvio. Otro humor más “chaplinesco” que tiene que ver con gags. Todo, dentro de una bolsa de ácido nítrico.
E.P: –Hay un ejemplo claro de este aire de vodevil. En un momento, el personaje de Alejandra Flechner dice: “No me busqués porque me voy a encamar con el primero que entre.” Y enseguida entra un tipo con el que ya se había encamado. Es un sketch básico, típico de teatro de revista. Pero está escrito así por este hombre que lo último que quería era hacer teatro de revista. (La puesta de Lo que vio el mayordomo cuenta con seis puertas que se abren y cierran constantemente para determinar una comedia de enredos.)
A.F.: –La obra es muy crítica. Hay una visión no pretenciosa. Hablamos de la hipocresía y el sometimiento, sin pretensiones. Lo dice el mismo autor: “Yo soy de la alcantarilla, soy del arroyo y no se lo olviden, porque yo nunca me lo voy a olvidar.” Eso lo admiro mucho: que no sea un renegado y que se refiera a sus orígenes. Aunque ser así pareciera estar por debajo de algo. Como siempre se dice que el humor está por debajo del drama. Acá vemos actitudes tan honestas y brutalmente francas, sin bajar a ninguna verdad.
L.L.: –La obra tiene mucha violencia. Y actuarla es muy complicado. Cada uno hizo su proceso y uno agradece poder caminarla. El texto pide mucho, te pide de todo y es hermoso poder ver a los compañeros en esa situación. Están todo el tiempo haciendo rupturas que son re locas y todo lo que dicen es verdad. Todo lo que estamos diciendo es verdad, es un hecho verdadero porque sucede el vodevil y el absurdo, dicho desde la parodia. Lo que les pasa es posta.
–¿Qué tipo de violencia tiene la obra?
E.P.: –El texto expresa cosas monstruosas, sin decir una sola mala palabra. Acá hay frases como: “Ese ininterrumpido desfile de penes con el que usted se tropieza a cada minuto.” Además, sin que haya muertos, hay caños, heridos, armas, sangre, persecución. El juego teatral está en todo.
–¿El humor es una herramienta más eficaz para transmitir todas estas ideas?
A.F.:– El humor es una operación del pensamiento. Para hacer un chiste primero hay que haber pensado sobre las cosas. Por lo tanto, hay opinión en el humor con respecto a lo que se está diciendo. No en vano Pinti es una persona que hace un humor tan inteligente. Obviamente, también existe un humor de colegio secundario, agresivo y estúpido.
E.P.: –El humor es un gran aliado y creo que rebaja un poco la tensión del público, que vive en un mundo complicado. Eso hace que baje la guardia y es una puerta de entrada para la reflexión. No estamos esperando la carcajada del público. No creo que la gente vaya a tener mucho tiempo de reírse, porque es tal la vorágine de esta obra que ante un gag enseguida se pasa a una nueva acción.

Casi sin notarse, la charla supera la hora de anécdotas y análisis sobre una obra que los tiene en pleno éxtasis de expresión actoral. Entre ellos hay tanta confianza que Alejandra Flechner se despide con un anuncio que todos festejan a risotadas: “Ya que la obra transcurre en un psiquiátrico quiero decir que acabo de encontrar media pasta de Alplax en esta silla. No sabemos de quién es, pero acá la ficción y la realidad se desdibujan. ¡La medicación nos funciona a todos tras bastidores!” <

Una locura
Llegar al desborde tal que propone Joe Orton con su espectáculo implica para los actores caer en todos los excesos. “Es tal la locura que pide la obra que nosotros como actores tuvimos que hacer miles de cosas. ¡El director Carlos Rivas casi que nos tiene que frenar con una escopeta!. Hay muchos juegos y a veces nos íbamos tanto al carajo que por más que estuviesen buenos los juegos, iban en contra de contar el cuento”, dice Flechner.
Enseguida, Pinti ofrece ejemplos: “Mi personaje es un inspector y ni bien entra en escena tiene que revisar toda la escenografía y le llama la atención la cantidad de puertas. El tipo inspecciona todo. En esa acción, hicimos cualquier tipo de cosas.” Luque amplía: “Inspeccionar todo es una propuesta concreta. ¿Cuál es el límite de esa acción? Porque todo es todo.”
Flechner explica la dinámica de los ensayos: “La situación tiene un fuerte vértigo. Si nosotros no paramos la bola y tratamos de que se transmitan ciertas ideas, terminamos como el temporal del otro día”. Y finaliza Pinti: “¡Se nos ocurrían 300 pelotudeces por segundo! Fueron descartadas.”

Un autor legendario
Entre las piezas de teatro más famosas que escribió Joe Orton, se encuentran Visitando al señor Sloane (que en la Argentina tuvo una famosa versión protagonizada por Eduardo Pavlovlsky y dirigida por Alberto Ure) y Loot.
Orton desarrolló su carrera en la dramaturgia durante los años sesenta. Si bien al principio sus obras fueron cuestionadas por la crítica, cuando se las interpretaba se las hacía en un tono inglés formal y recatado que perdía la esencia del autor. De a poco, los directores fueron asimilando su estilo y tomando los mismos riesgos que él decidía desde la escritura.
Además de ser reconocido por sus comedias negras, sátiras sociales y por tratar temas tabú para la época, como la homosexualidad, Orton tuvo en su propia vida varios excesos. Murió a los 34 años, asesinado por su pareja, Kenneth Halliwell. Según Pinti: “Orton veía venir su asesinato. Antes de su muerte, había tenido un episodio con su pareja, quien le pegó en la cabeza varias veces. Estaba despierto, escribiendo en la máquina, y le pegó de atrás. Le dijo: ‘Te quiero sacar ese cerebro que tenés. Te quiero matar, porque tu cabeza está podrida, sos un promiscuo.’ La suya fue una muerte anunciada. Ellos se echaban en cara la promiscuidad que tenían.”
El legado de Orton se mantiene en su ciudad natal, Leicester, en Inglaterra, en el desarrollo del barrio cultural de la ciudad y el nuevo Teatro Curve, que es el espacio cultural central de la zona, con una entrada peatonal que se llama Orton Square.

Fuente: Tiempo Argentino

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