Atilio Veronelli: Confesiones de un hombre separado

“Aunque estés solo en tu casa, ahora tenés 4000 amigos en el Facebook”

El popular humorista vuelve a Capital tras una temporada de verano que resultó un gran éxito. La obra es Confesiones de un hombre separado, un unipersonal que se presenta todos los fines de semana en El Túnel.

Después de una exitosa temporada en Mar del Plata, a la que define como “de las menos brillantes en años”, el humorista Atilio Veronelli regresa a Buenos Aires para poner en escena Confesiones de un hombre separado, una divertida pieza teatral que escribió tras la muerte de uno de sus hijos en la que analiza con humor las distintas circunstancias que debe vivir un hombre casado cuando deja de serlo. En la sala principal del Teatro El Túnel, todos los viernes, sábados y domingos, Veronelli cuenta casi autobiográficamente lo que vive un separado desde las primeras discusiones con la esposa, hasta las manías típicas del hombre solo, planteado con humor en un unipersonal con el que el público se identifica.


–¿Por qué la idea de armar un espectáculo que cuente la vida de los separados?

–Porque los separados somos muy especiales. La verdad es que uno supone que estar casado o separado es una cuestión que trata sólo de tener una pareja al lado. Yo estuve 18 años casado y lo viví. Uno tiene armada la configuración de la vida, las rutinas todas perfectamente organizadas y de repente es como si te abdujera un plato volador y te deja en Pekín con un “Lecop” en la mano.

–Quedás como abstraído del mundo.

–Totalmente. Ahí empiezan a resurgir cosas que vos siempre pensabas que estaban superadas, como elegir dónde vivir, dónde hacer las compras, que programas hacer. Por un lado, extrañás todas las cosas que tenías, pero por el otro sentís una gran liviandad. El ejemplo más claro es el del supermercado, ¡uno antes compraba esa marca de mayonesa porque la mujer decía que era esa! Ahora vas por la góndola y comprás la que te gusta a vos después de replantearte si la otra te gustaba tanto como aparentaba. ¡Es una liberación orgásmica! Hay algo que te produce tamaña alegría, que es no tener la voz de tu mujer rompiéndote las pelotas.

–¿Te resulta difícil hacer reír con estas cosas?

–Es de lo que yo vivo. A mí, lo que hago no me causa gracia, me da pena. Podría tener ya mi futuro resuelto, pero esto es como un cheque que te dan por haber hecho varias veces lo mismo. Igualito a que si tuvieras un restaurante y todos los días sirvieras el mismo puré con pollo.

–¿Cuánto tiempo después de haberte separado escribiste la obra?

–Tres años y medio después de haberme separado. Por eso esta obra tiene algo de imaginación, algo de irónico y mucho de autobiográfico.

–Habla mucho de las redes sociales, también.

–Sí. Sobre todo porque antes tenías que ir a un boliche, cabecear y ver qué onda. Si vas a un boliche a la edad nuestra, tiene que ser uno de solos y solas donde ves a tus coetáneos hechos percha. Ahora las citas son por Internet, porque aunque estés solo en tu monoambiente a las tres de la mañana, ahora tenés 4000 amigos en el Facebook. Hay una realidad virtual que te asiste. Hay algún tipo de tiroteo hasta que intercambias celulares y ahí viene cuando hablás con la mina y esa primera vez todos hablamos como egresados del ISER. Cuando te encontrás, comprobás cuán bueno es el fotógrafo del otro. Hay veces que está mejor que en la foto, y otras que tiene tanto botox que se le borraron las facciones.

Fuente: Tiempo Argentino

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