Juan Rodó: Excalibur


Nota del 18 de enero

“A veces me miran como si fuera un semidios”

A partir de hoy y durante siete funciones por semana, el cantante y actor se pondrá en la piel del mago Merlín en Excalibur, la nueva megaproducción de Cibrián-Mahler. “Es un personaje de fantasía pero con mucho humor”, revela.

Aunque Juan Rodó puede caminar por la calle y pasar inadvertido entre la gente, cada vez que está en el escenario las miradas del público se fijan, siempre, sobre él. El protagonista de Los Miserables, Las mil y una noches, Otelo y la infalible Drácula vive la dualidad de ser casi un desconocido para el universo de la fama y los mediáticos y un semidios para sus fieles seguidores, que lo acompañan desde hace más de 20 años.

–¿Qué te dice la gente?
–De todo. Frases como “verte me cambió la vida” o “en momentos de tristeza o enfermedad, escuchar tu voz me saca de este mundo”. Realmente uno no es consciente de lo que hace, yo hago lo que sé hacer y no mido lo que pasa con el público. Lo que sí me puedo dar cuenta es que a la gente le hace muchísimo bien y que se transporta, por el rato de la función, a otra realidad que a veces necesitamos. También me ha ocurrido muchas veces, que las personas no me pueden hablar: gente que me abraza y que está temblando, personas que me piden una foto y veo que tiemblan.

Pareciera que la fórmula de combinar música, texto y actuaciones en las comedias musicales siempre tiene como resultado un público apasionado. Esto es lo que vive desde hace más de 20 años la dupla de Pepe Cibrián y Ángel Mahler cuando estrenaron en 1991 Drácula y que, desde entonces, los volvió la dupla de director artístico y musical más importante del país. La mayoría de sus obras tuvieron a Juan Rodó como protagonista, el artista predilecto de la compañía. Hoy, buscarán reactivar la magia con el estreno de Excalibur, el musical más costoso de los directores y con el que apuestan a repetir la historia de éxito que generó Drácula.
Con Excalibur, una leyenda musical, Pepe Cibrián y Ángel Mahler decidieron lanzarse a lo majestuoso. La historia retoma el mito de las hazañas de Arturo (Emilio Yapor) para reconquistar la espada que le dará el derecho a reclamar su reino y cómo es guiado por el mago Merlín (Juan Rodó), que en esta versión no es un encantador viejito sino un poderoso y tierno guerrero. La puesta incluye un gran despliegue de efectos visuales y trucos de ilusionismo (ver números).

–¿Qué riesgos tiene esta puesta?
–Queremos buscar la excelencia en lo que hacemos. Siempre el desembarco en un estreno es un parto doloroso, pero al final es feliz. Uno espera que en el estreno salga todo bien, pero siempre hay un riesgo de falla, más en esta obra, donde hay más rubros que la complican. Por ejemplo, movimientos escenográficos no habituales, tenemos una escenografía fastuosa, de carros y de coordinación. El escenario es móvil y hay un tránsito bastante complicado para los maquinistas y para los actores. A esto, hay que sumarle trucos de ilusionismo, que pueden no salir. Además, tengo que cantar y el cantante es como un atleta, si se pasa de rosca, uno pierde el nivel de lucimiento vocal. Hay que tratar de balancear y descansar lo que más se pueda, pero tengo mucho desgaste. Cantar estas piezas es muy difícil, a cada rato estoy al borde del accidente. Yo ya sé que es así, en todas las obras me ha pasado y este es mi protagónico número 12.
–¿Qué es lo que te pone más nervioso?
–El estreno es un momento de ansiedad y de sufrimiento. Con los años, me voy poniendo más nervioso. A medida que gano experiencia, siento que el público espera más de mí. Eso presiona y me crea una sensación de nerviosismo, que hace que uno esté alerta en todo. Pero lo que yo quiero destacar, más allá de toda esta parafernalia, es que Pepe ayuda a crear la magia en la actuación y eso es lo que hace que el público quede cautivado. Lo otro –los trucos, los efectos visuales– por supuesto que suman y es muy lindo de ver, pero Pepe confía en su texto, confía en los actores y en la dirección.
Juan Rodó conversa con Tiempo Argentino en la escalera del Teatro Astral, rodeado de pedazos de escenografía que todavía no se colocaron y se guardan en el hall del teatro. Se pueden ver las cúpulas de un castillo, un banco y varios cajones. Un rato antes de empezar la entrevista, un problema con la técnica casi hace estallar los nervios de Pepe Cibrián y tuvieron que repetir varias veces una escena. Ese día ningún actor podrá abandonar los ensayos antes de las 2 de la madrugada.

–¿Qué es lo que más te gusta del trabajo de Pepe Cibrián?
–Los ensayos con Pepe son una perla, son momentos muy felices, él trabaja con los actores con pasión y creatividad. Es un momento que no se da con ningún director que yo conozca: esa pasión que él pone en el actor, en la persona, para lograr lo mejor de sí, es único. Pepe se preocupó por darme los mejores momentos de lucimiento y de verdad busca que yo esté en el mejor nivel. Ese cuidado no lo tiene nadie. Y además nos miramos y nos entendemos al instante. Esa química nos caracteriza.
–¿Este es el personaje más distinto que te toca interpretar?
–Esta es una actuación totalmente novedosa y un rol completamente distinto a todos los que he encarnado. Más allá de que Merlín es un mago y un personaje de fantasía, también tiene mucho humor, momentos disparatados, delirados. La gente no espera eso de mí, no espera ese tipo de actuación. No sé si de cómico, porque no lo es, pero sí es un personaje de comedia. Creo que va a causar mucha sorpresa. Me gusta romper estructuras y que la gente pueda ver otra faceta de Juan. Pepe tiene mucho humor, yo me prendí a las bromas y agregamos más gags. No sabía que podía explotar tanto ese costado cómico. Es un personaje que está en un nivel de locura, de genialidad y de sabiduría. Fue un gran descubrimiento.
–¿Qué pasa si no salen los trucos de magia?
–Los trucos de magia son un elemento de preocupación, porque no soy mago y tengo que aprender a serlo. Pero por lo que aprendí, los magos tienen mucho de actor, gran parte del truco de magia es creerlo y hacer que lo crean, todo pasa por la actitud de cómo uno lo hace. Por ahí el truco es una pavada, pero la manera en que uno lo presenta es lo que crea la magia. Pero a esto hay que sumarle que mientras hago un truco, tengo que cantar, actuar y manejar muchos factores al mismo tiempo. Excalibur tiene un final muy emotivo. Una apuesta muy sensible, que me entusiasma mucho. Está el mensaje del maestro, o del padre, que cumple su misión de llevar a este hijo, o su discípulo, a que logre ser rey. Creo que ese es el momento más emotivo de todos. Y se logra con una música increíble y la combinación con el actor lo hace una mixtura explosiva. Además, la actuación hablada ha adquirido mucha más potencia y le permitió a mi personaje llevarla al extremo del delirio.
–Dicen que en las comedias musicales, las canciones llegan cuando las palabras no alcanzan. ¿Qué opinás?
–Creo que el lenguaje de la música es el más universal. Tiene una llegada directa al ser humano, a la sensibilidad, libre de lo racional. Un gran cantante es más admirado que un gran actor. Esto lo digo en base a mi experiencia, la gente vincula al cantante con lo sublime, alcanza una esfera que es especial. Y el público, después de ver nuestras obras, sale extasiado, como si hubiese sido hipnotizada por un momento. Es un fenómeno raro: a veces veo la cara con la que me miran como si fuera un semidios. Y no lo soy.

Fuente: Tiempo Argentino

Nine: el proyecto de 2013
Contra el musical elitista

Comentarios

Entradas populares de este blog

Andrea Gilmour

Raúl Baroni, Lorena Romanin y José Maldonado: Bernarda Alba al desnudo, Julieta y Julieta, y Estúpidamente Medea

Maruja Bustamante: Una forma más honesta