En el cuarto de al lado
Buen elenco joven en obra de la norteamericana Sarah Ruhl
Luciano Cáceres y Gloria Carrá son los protagonistas de la comedia "En el cuarto de al lado", que con un buen elenco se ubica en los últimos años del siglo XIX para describir las relaciones entre hombres y mujeres de entonces y se acaba de estrenar en el porteño teatro Apolo.
Segunda obra de la estadounidense Sarah Ruhl (Illinois, 1974), divide su acción entre el living de la lujosa casa de un médico (Cáceres) y su consultorio, el cuarto contiguo referido en el título, donde el facultativo cobija su invento: un vibrador eléctrico para combatir la "histeria" femenina.
Hay un cuadro de Thomas Alva Edison que domina la escena y cada tanto algún personaje se admira por la aparición de un prodigio llamado luz eléctrica, que pronto iluminará hogares y ciudades aunque por el momento sirva como espectáculo público para electrocutar a perros y elefantes.
En ese ámbito, una paciente cuyo vínculo marital viene en caída libre (Victoria Almeida) encuentra rápida solución en el aparatejo, aunque luego la ayudante del médico (Gipsy Bonafina) perfeccionará el tratamiento de modo manual.
Por su parte, la esposa del médico (Carrá) es también una mujer insatisfecha -la obra da a entender que todas las mujeres de clase acomodada lo eran-, dada a los galanteos irresponsables con el marido de la paciente (León Bara) y algún otro.
Para complicar las cosas, tampoco tiene leche para amamantar a su pequeña hija y en su lugar se convoca a una mujer humilde (Erica Sposito) que no sólo aporta su alimento a la pequeña sino que llena de sensualidad ese ámbito de simulaciones y pacatería.
El cuadro se completa con la aparición de un pintor (Esteban Meloni), apasionado y dolorido por el abandono de su amante, que le permite al médico descubrir lo que él llama "histeria masculina" y someterlo a su revolucionario tratamiento.
Pese a sus innumerables gags verbales y situaciones abiertamente divertidas, la pieza tiene sus profundidades porque retrata un mundo donde la mujer tenía el orgasmo prohibido -ni lo imaginaba- y el sexo dentro de la pareja no era satisfactorio ni siquiera para el varón.
En ese vodevil a su manera, muy bien calibrado en ritmo e intención por la directora Helena Tritek, también hay una proyección sobre la permanencia de ciertos procederes persistentes del patriarcado no sólo referidos a lo erótico.
Ruhl da muestras asimismo de observadora atenta de los dobleces humanos, como cuando las mujeres traman experimentar con el vibrador en ausencia del médico o cuando éste no quiere reconocer sus insoportables celos.
Con una notable escenografía de Eugenio Zanetti, bella en su concepción y funcional en dividir el escenario de modo que el público sepa lo que algún personaje no, la pieza tiene un buen eje en la pareja protagónica, aunque Cáceres se vea perjudicado por el hieratismo de su personaje y sólo pueda largarse en la escena final.
Erica Spósito despliega un magnetismo que ya se le conocía en trabajos de Edgardo Dib -"La casa Alba o la otra orilla del mar", "Iago, escena para un crimen"- además de un tono vocal certero, en tanto León Bara enfoca con oficio el personaje gris del marido de la paciente.
La siempre efectiva Bonafina tiene a cargo a la ayudante rusa del médico, una mujer cultísima y fuera de su tiempo, a la que la actriz dota de sutiles sobreentendidos, en tanto Esteban Meloni, como el artista desorbitado, consigue momentos memorables.
"En el cuarto de al lado" se ofrece en el teatro Apolo, Corrientes 1372, de miércoles a viernes a las 21, sábados a las 22.45 y domingos a las 21.
Fuente: Télam
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