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sábado 7 de mayo de 2011

Esa nena ríe, esa nena llora, ésa no hace nada


Esa nena ríe, esa nena llora, ésa no hace nada

Las trillizas se separan, crecen y tiempo después se reencuentran

Las trillizas salen a recorrer el mundo, cada una a su modo, cada una construyendo su destino. El punto de partida no puede coincidir entonces nunca con el del reencuentro: ya no son las mismas, después de dos décadas de andar. El parecido genético se transforma en diferencias por la experiencia vivida. Y sin embargo las vuelve a unir la necesidad del afecto, a cada una desde su lugar. La diferenciación, que les aporta identidad, no las aleja finalmente, sino que les permite sentir ese afecto como un impulso personal, deseado y necesario. Tal vez una situación más valiosa que la naturalización del vínculo sólo por ser mellizas.

Esa nena ríe, esa nena llora, esa no hace nada , del australiano Finegan Kruckmeyer, se arriesga a una introducción de impronta narrativa, ilustrada a modo de pantallazos por escenas más o menos fijas, antes de lanzar a las trillizas en direcciones divergentes a recorrer mundo. Una de ellas será audaz y combativa, otra optará por conocer experiencias novedosas. La tercera prefiere permanecer en la tranquilidad ganada en una casa del bosque.

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