La importancia de llamarse Ernesto
Marcel Duchamp le pintó bigotes a Mona Lisa, con lo cual acreditó que su sentido del humor plástico no superaba la edad de 8 años, en tanto que la dama pintada por Leonardo sigue sonriendo hasta hoy, sin inmutarse, aunque algunos críticos tomen aquella travesura en serio. Las obras que calificamos de clásicas no lo son por inmutables, sino por renovar, a través del tiempo, su significado y sus interrogaciones. Algo de esto ocurre con esta deliciosa comedia de Wilde, un juego teatral aparentemente ligero y hasta frívolo, pero que contiene una bomba de tiempo, la cual, lamentablemente, estalló en las manos de su autor. No existe más formidable requisitoria contra las convenciones y los prejuicios de la sociedad victoriana que el interrogatorio de lady Bracknell a Jack Worthing, aspirante a la mano de su hija Gwendolin; los victorianos se tomarían su venganza no mucho después, llevando a Wilde a la cárcel por alardear de costumbres por entonces consideradas criminales. Pero el interrogatorio es válido hasta hoy.
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domingo 6 de marzo de 2011
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