martes, 27 de abril de 2010

Marcos Arano


Por Hernán Salcedo

“El hecho teatral es un ritual en presente que se renueva todo el tiempo”

Marcos Arano dirige la compañía El Infierno de los Vivos, que tiene sus raíces en el teatro foro, una de las categorías del Teatro del Oprimido que nació en Brasil durante los años 60 bajo la influencia pedagógica de Paulo Freire. En charla con Blog Teatro, y a días de haber estrenado la obra 7 niños judíos, recordó sus comienzos y las inquietudes estéticas y sociales que lo llevaron a elegir un camino teatral con compromiso político.


“El teatro foro es una de las categorías y una técnica de abordaje de situaciones conflictivas trabajadas en el Teatro del Oprimido. Su metodología funciona como un disparador, es un camino para ensayar, pensar, encontrar soluciones -a través del análisis y la acción-, a los problemas, injusticias y desigualdades que nos atraviesan como sociedad”, explica Marcos Arano.

Desde esa idea, el teatro foro genera piezas teatrales que combinan los métodos tradicionales del arte escénico con las herramientas del teatro del oprimido desarrolladas a mediados de 1960 por el director y dramaturgo brasilero Augusto Boal.

“La técnica propone el desarrollo de una escena que manifiesta situaciones de discriminación, abuso de poder, violencia, explotación. Un interlocutor, al que llamamos ‘comodín’, interviene y habilita la escena para un segundo momento”, señala.

El comodín “invita al público a participar discutiendo y proponiendo estrategias creativas para la búsqueda de soluciones colectivas” y, de esta manera, “el espectador al tomar la palabra, se convierte en espect-actor, poniendo en evidencia que la realidad no puede ser alterada desde la pasividad”, dice el director sobre esta metodología que, además de ser útil para la toma de decisiones en la realidad, también es “una propuesta estética muy poderosa”.

¿Cómo nacieron el actor, dramaturgo y director que hay en vos?

Me acerqué al teatro a los 15 años, en esta idea medio mítica de que haciendo teatro uno puede llegar a levantar más minitas y esas cosas. Empecé en un taller en San Isidro dictado por una gran profe, Nacha Ríos, quien sobre todo nos daba mucha libertad para jugar. Luego de hacer un par de años allí y sin lograr el objetivo de levantar minitas, me fui dando cuenta que esto del teatro me gustaba. Tengo la suerte de que mi tío fuera actor, Bernardo Forteza, estuviera trabajando con Agustín Alezzo y se interesara por el proceso que yo estaba haciendo. Eso me hizo entrar en la escuela de Alezzo y allí esta idea de hacer teatro se empezó a consolidar como algo que me iba a acompañar por mucho tiempo. Paralelamente siempre había militado en el centro de estudiante de mi colegio y mantenido, digamos, cierto compromiso político. Eso al tiempo fue decantando en dar clases en barrios y organizaciones que trabajaban en arte y pobreza, arte y transformación social.

¿Percibís un vínculo estrecho entre lo teatral y lo social?

De alguna manera siempre relacioné el teatro con una expresión social casi primitiva. Hoy por hoy no puedo dejar de pensar en el rol social constitutivo que tiene el teatro y al mismo tiempo en lo político y socializante que es en sí, más allá de los objetivos particulares de las producciones, de los artistas y de los espectadores.

Otra cosa que produjo un gran cambio en mi forma de pensar el teatro fue el dar clases y paralelamente hacer la carrera de Comunicación Social en la UBA. Pensar las cosas como hechos comunicacionales.

Por último, el acercamiento a la técnica del clown junto con el estudio de shakespeare, dos cosas que parcen tan lejanas pero que escarbando un poquito tienen tantos puntos de conexión, creo que me han dado un conocimiento sobre mí, sobre mi rol y mis tomas de decisiones, sobre el interés de lo compartido, del regalo, de que el hecho teatral es un ritual en presente que se renueva todo el tiempo, que pienso me ha dado también un estilo de poner las obras en escena de encarar los materiales y de trabajar con los actores.


El Infierno de los Vivos
La compañía El Infierno de los Vivos, que acaba de estrenar 7 niños judíos, de Caryl Churchil, trabaja desde hace seis años en el desarrollo, producción y multiplicación del Teatro del Oprimido y específicamente del teatro foro. Todo comenzó en 2005, con un seminario de teatro foro que dictó Arano junto a Noah Dobin-Bernstein. Al mismo tiempo, la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO) y el área de educación de la Fundación Crear Vale la Pena, dirigida por Mariana Lavari, comenzaron a desarrollar el proyecto Somos Voz – Iguales pero Diferentes. La compañía que resultó del seminario fue convocada para crear una obra sobre discriminación y violencia en la escuela. Así nació ¿Qué onda con Borges?, su primera producción de teatro foro. Luego fue el turno de Puzzle, modelo para desarmar, en 2006. Y hacia 2008, al grupo se unió la compañía Chantaría Grup –que realizaba intervenciones urbanas desde la mirada en común del Teatro del Oprimido-. Más en el blog de la compañía.

Marcos Arano
Se formó actoralmente con Agustín Alezzo, Sergio Amigo, Matteo Belli, Norberto Presta del Centro de Producción Via Rosse (Italia), Bernardo Forteza, Nacha Ríos. Estudió clown, bufón y máscaras con Marcelo Katz, Carolina Pecheny, Alfredo Iriarte y Nicolás Cohen. Es docente de teatro desde el año 2001 en el Centro Cultural Comunitario Puertas al Arte y docente de clown en Espacio Aguirre. Y desde 2002 dicta clases de teatro en su propio taller. Es director de las obras de teatro foro ¿Qué Onda con Borges? y Puzzle modelo para desarmar en la compañía el Infierno de los Vivos, Redonda en la compañía Chantaría Grup y Se mueve con los alumnos de la escuela de clown para chicos de Marcelo Katz.

Taller en el ECUNHI
Actualemten Marcos Arano dicta un taller de teatro foro en el Espacio CUltural Nuestro Hijos (ECUNHI), los martes, de 19 a 21. Consultas e informes: 4703-5089 (de lunes a viernes de 14 a 21) - informes@nuestroshijos.org.ar.

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