Mariano Taccagni: La Callas, una mujer


La diva fuera de las luces

El musical basado en la biografía de la cantante lírica más eminente del siglo XX no se centra en sus logros artísticos, sino en los componentes “de tragedia griega” que tuvo su vida. Actúan Carolina Gómez, Tiki Lovera y Ricardo Bangueses.

Maria Anna Cecilia Sophia Kalogeropoulo es un nombre demasiado largo para escribir o pronunciar sin vacilar. Entonces, sus seguidores comenzaron a llamarla Maria Callas (se pronuncia con una l). Luego, La Callas, a secas. Y más tarde, tal vez por la contrariedad de silenciar con el sonido del apellido a la diva del bel canto, fue coronada con la tiara que Claudia Muzio había portado: La Divina. Pero, para ella, la metonimia no significó sólo un cambio de significante sino de significado, y la introspección se volvió un ring de batalla entre sus costados de mujer y artista. En esa lucha está centrado el musical La Callas, una mujer, escrito y dirigido por Mariano Taccagni y musicalizado por Gaby Goldman, que hoy a las 21 tendrá su última función del año en el renovado teatro Apollo (Corrientes 1372). “Ella aceptó su destino sin luchar: el de una mujer exitosa que fracasó en el deseo de tener marido e hijos”, sintetiza el dramaturgo de 36 años, que en la obra además interpreta a un incisivo periodista.

Estrenada en 2005 por encargo de la Embajada de Grecia y reescrita para exhibirla en el ex Lorange, la obra es un repaso biográfico de la soprano estadounidense de origen griego nacida en Nueva York, en 1923, y muerta en París, 54 años después: tal vez, la cantante más eminente del siglo XX. Y aunque se trate de un musical, el énfasis no está puesto en la vida profesional de Callas (la carismática Carolina Gómez), sino en la privada, en las relaciones con su madre Evangelia (Tiki Lovera), su amante Aristóteles Onassis (Ricardo Bangueses), sus allegados y la prensa. “Pusimos en escena la lucha de deseos. No buscamos hacer la mímesis de nadie. Junto con Gaby, decidimos que el personaje no hiciera ópera para que no hubiera comparaciones. Queríamos contar la vida de la mujer, no de la diva”, explica.

–¿Qué lo atrajo de la historia de Maria Callas?

–En realidad, fue una casualidad. La embajada griega, con la que había trabajado en 2004 en Midas rey, me convocó para hacer un nuevo musical con el que se celebraría el Día de Grecia en la Feria del Libro. Tenía ganas de escribir sobre una poetisa que se llama Safo de Lesbos –de ahí viene el adjetivo lesbiana– y no gustó. No quería quedarme sin el laburo, entonces propuse a Maria Callas, aunque no tenía escrito ni medio renglón. Sabía que era un emblema de la lírica, pero ignoraba por qué. La había escuchado cuando estudié canto lírico y, desde entonces, me interesó por lo que representaba para los amantes del género, que al principio la denostaban porque decían que era una actriz que cantaba. De hecho, su gran mérito fue incorporar el histrionismo al arte lírico.

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