Luisa se estrella contra su casa, Nada del amor me produce envidia, Los desórdenes de la carne, Tren y Lote 77
Lo mejor del off
Estructuralmente imposibilitado para generar buenas ganancias, el teatro off siempre persigue otros objetivos, más románticos, quizá, pero no por eso menos ambiciosos: el reconocimiento de los pares, la continuidad en escena, el prestigio.
No es novedoso señalar que la inabarcable escena teatral porteña se compone, al menos, de dos mundos: el teatro comercial y el oficial, por un lado, y el teatro off, cada vez más amplio y subdividido, por el otro.
Cada universo, claro, tiene sus yeites. Y cada uno concibe el éxito de manera distinta. Cuesta imaginarse, por ejemplo, a Javier Faroni o a Carlos Rottemberg destinando su bolsillo y su tiempo a producciones que no aseguren, al menos de un primer vistazo, cierto rédito económico. Estructuralmente imposibilitado para generar buenas ganancias (por la competencia y por la cantidad de público a la que puede aspirar: en Buenos Aires abundan las salas de pocas butacas), el teatro off siempre persigue otros objetivos, más románticos, quizá, pero no por eso menos ambiciosos: el reconocimiento de los pares, la continuidad en escena, el prestigio –una noción muchas veces renegada de la boca para afuera, pero no por eso poco deseada de la boca para adentro.
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