Lucrecia Capello
Lucrecia Capello: "Aprendí a manejar la ira"
Aferrada al compromiso y a las "causas justas", se define como "una tana calentona". Confiesa que con los años suavizó las formas del enojo. De chica quiso ser bailarina. De grande se convirtió en exquisita actriz.
En los tiempos en los que su padre trabajaba en una empresa metalúrgica, ella quería ser bailarina. Y cuando él, ya jubilado, puso "una despensita" de La Martona, ella creía que ya no sabía qué quería ser. En ninguno de los dos trabajos paternos aparece alguna asociación directa a sus oficios, pero sí marcan sus sueños de época: "Así como de nena fantaseaba con bailar, a los 25 años no tenía muy claro el camino. Terminado el colegio, sentía que el proyecto era estar enamorada únicamente y a eso me dediqué un tiempo. Y una vez, en el local de mi papá, me crucé con un proveedor que era actor de Nuevo teatro, nos pusimos a charlar y me dijo '¿Por qué no te das una vuelta por ahí para que te vean Alejandra Boero y Pedro Asquini (fundadores del emblemático grupo)?'. Fui y fue tan fuerte lo que sentí, que nunca más me fui. Descubrí que en mí había mucho de ese espíritu social combinado con lo artístico que tenía ese lugar. Y eso condensó todos mis sueños", entiende Lucrecia Capello, hija pródiga de Nuevo teatro, con el compromiso del caso.
Se mueve, dice y gesticula con una suavidad tan suya, que cuesta imaginarla como "una tana calentona". Así se define. Cuenta que de chica "era una especie de defensora de pobres. Si veía que le hacían algo injusto a alguien yo saltaba a defenderlo. Soy así desde muy niña, pero con el tiempo pude modificar las formas del enojo. Digamos que aprendí a manejar la ira, porque descubrí que se pueden pelear las causas justas sin necesidad de montar en cólera".
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