Complejo Teatral de Buenos Aires, Teatro Cervantes, Medea, Rey Lear, Los desórdenes de la carne, El misterio de dar, Invenciones, Marat/Sade, y otros

Escenas de una realidad compleja
La ciudad volvió a hacer gala de una oferta teatral riquísima e inabarcable, que incluyó desde los conflictos de la clase media hasta las reflexiones sobre el peronismo, pasando por el cruce de disciplinas y la relectura de clásicos.
Elaborar un balance sobre la escena de Buenos Aires sigue siendo una tarea compleja. Imposible abarcar tanta producción, aun cuando el teatro, como otras disciplinas artísticas, es todavía materia no contemplada con generosidad por la mayoría de los funcionarios y políticos a cargo del área cultural. Un dato entre otros ha sido el atraso en los pagos a los elencos del Complejo Teatral de Buenos Aires y la clausura de centros culturales por falta de reparación edilicia, producto de la desidia oficial. A pesar de estos descuidos, a los que se suma la lentitud en finalizar las obras del Teatro San Martín, dependiente del Gobierno de la Ciudad, y las también demoradas del Teatro Cervantes, del área de Cultura de la Nación, hubo continuidad tanto en la producción de obras como –en el caso del Cervantes– del programa federal que facilita el intercambio con las provincias. En ese contexto y en el de una violencia social que persiste, la escena supo expresar a través de algunas obras el atropello, la perplejidad y la incertidumbre, invitando a pensar a los más perezosos o sorprendiendo con una puesta o actuación.
Entre las destacadas figuran Medea, protagonizada por Cristina Banegas y dirigida por Pompeyo Audivert; Rey Lear, en la versión de Lautaro Vilo y Rubén Szuchmacher, bien actuada y con un Alfredo Alcón admirable en el estallido de su Lear; Los desórdenes de la carne, de Alfredo Ramos; El misterio de dar, de Griselda Gambaro, una interrogación sobre el desamparo donde la protagonista fue Adriana Aizenberg, dirigida por Laura Yusem; Invenciones, dramaturgia sobre textos de Silvina Ocampo en la que Marilú Marini atrapó con sabiduría escénica; Marat/Sade, del alemán Peter Weiss, en una creativa puesta de Villanueva Cosse; Ala de criados; sobre un revelador texto de Mauricio Kartun; Krapp, la última cinta magnética, de Samuel Beckett, retrato de un ocaso actuado por Walter Santa Ana con dirección de Juan Carlos Gené, a su vez intérprete de Minetti; y Grande y pequeño, del alemán Botho Strauss, con Ingrid Pelicori y Horacio Roca, artistas que, conducidos por Manuel Iedvabni, tradujeron los conflictos de personajes amenazados por la autodestrucción.
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