Trans-Atlántico

La orilla corrosiva

El que haya leído Trans-Atlántico -que Ricardo Piglia consideró, no sin espíritu provocativo, "una de las mejores novelas escritas en este país"- tomará dimensión de los logros de Adrián Blanco y Hugo Dezillio en la adaptación de esta obra de Witold Gombrowicz. Una obra que funciona como varias a la vez: no por su fragmentación sino por su exuberante, desenfadada, versátil fluidez, y sus múltiples capas significantes, debajo del humor corrosivo. Esta versión, dirigida por Blanco, no se limita a poner en escena los elementos -siempre mutantes- del texto de Gombrowicz: los combina con fragmentos de Diario argentino, los resignifica, los convierte en teatro personal y, a la vez, respetuoso del libro de origen.
No es la primera vez que Blanco lleva a escena una obra del escritor polaco radicado durante 26 años en la Argentina. En 2004 dirigió Opereta: algunos de los mecanismos estéticos y narrativos que utilizó en aquella puesta, también muy lograda, se repiten y se afinan en su nuevo abordaje de un texto de Gombrowicz. La empresa, de todos modos, no debe de haber sido simple. Constatemos, a través del propio autor de Trans-Atlántico, la complejidad que subyace en esta obra, más allá de su barniz de divertimento feroz y su núcleo iconoclasta (transmitidos, con sutil eficacia, en la puesta de Blanco). Escribió Gombrowicz, en el prólogo de 1957: "Trans-Atlántico es un poco de todo; una sátira, una crítica, un tratado, un divertimento, un absurdo, un drama..., pero nada de eso en forma exclusiva, porque, en definitiva, no es otra cosa sino yo mismo, mi vibración, mi desahogo, mi existencia". La novela, escrita en Buenos Aires, en polaco, a fines de los '40, lo tiene a él como protagonista. El libro comienza con la llegada del escritor a la Argentina, el estallido de la Segunda Guerra y la decisión de Gombrowicz de quedarse en el país, en 1939. Su necesidad de conseguir trabajo lo lleva a conectarse con funcionarios polacos en Buenos Aires y con círculos intelectuales y bohemios porteños. Todos, en especial los defensores de escalas y valores constitutivos de "lo nacional", quedarán en la mira de su ironía.

Más en Clarín

Comentarios

Entradas populares de este blog

Andrea Gilmour

Raúl Baroni, Lorena Romanin y José Maldonado: Bernarda Alba al desnudo, Julieta y Julieta, y Estúpidamente Medea

Maruja Bustamante: Una forma más honesta