Una visita inoportuna

Otro envase para la misma Moria

Hace ya muchos años que Moria Casán -con inteligencia, simpatía, indudables dotes histriónicas y un físico exuberante (en parte, inventado)- recreó un personaje característico de la revista porteña: la vedette monumento, la diva colosal, una Gargantúa femenina, encarnación de los ensueños sexuales de sus admiradores. Su personalidad se ha instalado en el imaginario popular como la Mujer, con mayúscula, aunque no desprovista de cierta agresividad masculina. Además, a diferencia de la legendaria Nélida Roca, Moria sabe moverse. ¡Y cómo!

No es la primera vez que la Casán aborda el teatro "en serio": lo hizo con éxito, una década atrás, en la perdurable Brujas . Al transitar el género, no se despoja de las plumas y el strass. Anunciada como un acontecimiento, esta aparición de la vedette en la pieza de Copi no implica ninguna novedad: el envase es distinto, el producto es el mismo. Se pasea con desenvoltura por el escenario, dice sus parlamentos de frente al público y en todo momento, propicio o no, se dedica a menear el trasero, rotar la pelvis y exhibir sus más notorios atributos, precursores de la actual 3D cinematográfica. Todo esto lo hace con gracia, pero ese cuerpo demasiado presente tiende a desequilibrar la acción y atenúa la eficacia de la obra.

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Funciones: de jueves a sábados, a las 21; los domingos, a las 20. En Ciudad Cultural Konex, Sarmiento 3131.

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