El rey desvisto

Una obra experimental para los chicos grandes
Arriesgada propuesta basada en un cuento clásico
Es meritoria la intención de buscar lenguajes diferentes para incorporar al teatro y para comunicarse con los niños. La dificultad en eso es que, al poner el trabajo en escena, convertirlo en función y convocar a un público, la comunicación debe concretarse, y para ello es necesario que la creación, la originalidad y la intención se disciplinen y acepten ciertos límites, que son inevitables para darle a ese otro que es el espectador un espacio donde pueda conocer la intención del creador.
El cuento de Andersen es admirablemente lógico en su absurdo. Por algo ha sobrevivido. Está colmado de ironías, juegos y matices que dan lugar a la reflexión y al humor. Se trata de un relato que de verdad desviste al político, al funcionario, al ignorante obsecuente, al ambicioso, desnuda la confusión de valores del ser humano, subraya la temible inocencia franca de un niño, e incluso le quita a la masa popular su pátina heroica, al mostrar con qué rapidez pueden cambiar la percepción de la realidad y su adhesión a una determinada figura de poder.
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