Vicente Muleiro, Marcelo D’Andrea y Marcelo Mazzarello: Vidé/La cinta fija


“Hay unos cuantos videlitas sueltos”

La obra teatral de Vicente Muleiro es dirigida por Norman Briski y protagonizada por Marcelo D’Andrea y Marcelo Mazzarello. Videla emerge de la trama como un mal tipo, obviamente, pero influido por la historia y la sociedad que lo moldeó.

El milico absolutamente malo, sin complejidades, fue uno de los lugares comunes para que la volátil clase media lavara su conciencia ante los horrores de la dictadura. “Fueron ellos”, parecieron decir el cine y el teatro cada vez que mostraban esa sucesión de bigotazos y anteojos oscuros. Las vueltas de la historia desgastaron el truco y así la decadencia de esa figura ideal coincidió con la certeza de que faltaba mucho que pensar acerca del tema, a la vez que se empezaban a agotar las viejas maneras de encararlo. Por eso Vidé/La cinta fija es una obra oportuna. Creada por el escritor y periodista Vicente Muleiro, dirigida por Norman Briski y protagonizada por Marcelo D’Andrea y Marcelo Mazzarello, la pieza que se presenta todos los jueves a las 20 en el Anexo del Centro Cultural Caras y Caretas (Venezuela 330) desgrana la subjetividad de Jorge Rafael Videla en una aventura teatral que, como sugieren sus responsables, habilita una amplísima gama de lecturas.

“Extraño afán de matadores. Quieren morir ‘bien’”, reflexiona el grupo a modo de introducción. El general Vidé (D’Andrea) entrena para ser un buen muerto ante la patria y ante sí mismo. Quiere lo que les retaceó a tantos: despedirse de la vida con tranquilidad, identificado y reconocido. En el intento lo acompaña Biondi (Mazzarello), un ser multifacético y gracioso que traerá al primer plano las distintas posturas que la sociedad tomó ante el plan de aniquilación. Mazzarello se ataja: “Varios han cuestionado la presencia del humor en un asunto tan jodido, pero creo que cuando uno se pone a estudiar en profundidad un tema trágico, tarde o temprano va a necesitar un chiste. Poner un cómico enfrente de Videla para sacarle cosas ha resultado muy enriquecedor”, explica.

La hilaridad es sólo un ingrediente. El título, sin ir más lejos, contiene un juego que no siempre se adivina a golpe de vista, y el propio autor se encarga de asumir esa paleta de abordajes posibles. “Escribí el texto hace unos tres años. Supuse que nadie se iba a animar a subirlo a un escenario, así que me di libertad absoluta en cada detalle”, cuenta.

–Hay una suerte de enfoque canónico para tratar a la dictadura y sus adyacencias. ¿Cómo es esto de retratar a Videla desde otro punto de vista?

Muleiro: –El antecedente fundamental fue el libro El dictador, una investigación que hice junto a María Seoane. En ese laburo nos encontramos con un individuo que no se correspondía con los preconceptos que uno puede tener sobre los déspotas latinoamericanos. El mantenía esa actitud pietista, contrita, con un repertorio anímico sumamente estrecho. Evidentemente, había que interpretarlo desde otro lado.

Mazzarello: –A su vez, el ángulo que usamos se va modificando progresivamente. Hay cosas de una obra que el autor pone, pero empiezan a crecer con cada función y al final pertenecen un poco a todos. Cuando (Carlos) Gorostiza nos vio, por ejemplo, dijo que en un momento se había sentido mal porque el personaje protagónico no consigue sosiego. A él se sumaron otros. Son aristas que estamos investigando...

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