Tu eres para mí

La historia de llorar por el amor que fue

María Merlino, brillante protagonista de la obra

Cierta rutina amatoria de Elizabeth llegó a su fin. César, su ex, está por irse a vivir con otra y se desata el caos. Sola, en su casa, toma el teléfono. "Hola César. Sos un cerdo... Porque sí, porque sí. No tengo que darte explicaciones". Cuelga. Piensa. Vuelve a llamar. "Hola, César. Vos sos el que tiene que saber [el motivo]. No me hagas pensar a mí lo que no quiero pensar, no me hagas pensar lo que no quiero pensar... Te voy a colgar, César... Te voy a colgar.". Y cuelga.

Elizabeth habla en tono neutro, desafectado, sin inflexiones de voz y sin cambios corporales. No sólo ella: César también. No sólo ellos dos: Alicia, amiga de Elizabeth, es otra critatura que parece estar por fuera de las pasiones y que, para colmo, debe lidiar con otra separación. "¿César? Sos un porcino hediondo... Un vividor... Un tránsfuga de la vida... ¡Voy a colgar!". Y cuelga, obvio. La sucesión de hechos enumerados quizá sirva al lector para entender el tránsito de este corazón partido que no encuentra razones.

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Sábados, a las 21, en El Portón de Sánchez.

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