Norman Briski


"No soy más judío ni peronista ni izquierdista"

Tiene cinco obras en cartel; es el psicólogo de Tratame bien; el jueves estrenará en cine Los chicos desaparecen, y dice no saber si se está muriendo o naciendo para otra cosa

Cinco proyectos lo tienen en este momento como director. No actúa en ninguno y esto le parece "algo exótico". Norman Briski hoy despunta el vicio de la actuación en TV y eso puede parecer extraño (también lo hace en el cine: el film que protagoniza, Los chicos desaparecen, de Marcos Rodríguez, se estrenará pasado mañana en las salas). Pero el psicólogo que interpreta en Tratame bien, por El Trece, es el único pequeño espacio que le ha dado a su ser actor. "Y lo paso fenómeno ahí con Cristina Banegas, Julio Chávez y el resto de la gente ?cuenta?. Es que mi práctica escénica hoy se da por los lugares de la dirección".

Y también por la divulgación de su producción como dramaturgo, ya que varios de los trabajos que presenta son de su autoría. Un campo que ha venido desarrollando con fuerza en los últimos años y que lo llevó también a publicar sus textos. Sin ir más lejos, acaba de estrenar en Calibán, su espacio, Cabezas trocadas, una peculiar obra en la que la magia y la política parecen darse la mano.

El creador dice que "al teatro uno no lo hace cuando se lo propone sino cuando las cosas se dan. Este es el único país del mundo donde muchísima gente está trabajando sin otro interés que jugar con esto que es tan lindo y que es el teatro. ¿Pertenezco a una raza en extinción? No da la sensación porque el teatro como deporte sigue muy vivo".

¿En eso también entra tu experiencia de dramaturgo?

Es un placer muy distinto al de la actuación y la dirección. Lo paso bárbaro. Ojalá pueda tener más tiempo para escribir, aunque va a venir solo, porque una gamba no va a querer andar más o un brazo tendrá su problema. Y ahí me dedicaré de lleno a la escritura. Probablemente vaya amasándome con la escritura, como un varón domado que escribe. Recién ahora da la impresión de que escribo bien. Me doy cuenta de que las palabras se parecen a lo que uno piensa cuando les das tiempo. Las palabras tienen su propia iniciativa. Por suerte he vivido el tiempo social histórico de la lengua anterior a esta informática. Hubo un momento en que los hombres pusieron la lupa en el lenguaje. Adoro a Benjamin, a Roland Barthes, a Jean-Paul Sartre, a toda esa gente que me ha dado un instrumento humanista del lenguaje, no un instrumento posmoderno del lenguaje. Con la informática aparece ese vaciamiento tan doloroso.

Más en La Nación

Vidé/La cinta fija se presenta los jueves, a las 20, en el Centro Cultural Caras y Caretas (Venezuela 370). En su sala Calibán (México 1428 PB 5), ofrece Cuentos para el coco, los lunes, a las 21; La posta de los generales, los sábados, a las 20.45, y Cabezas trocadas, los sábados, a las 22.30. En tanto que los viernes, a las 21, sigue en cartel en el Centro Cultural de la Cooperación (Corrientes 1543) Solo brumas, de Eduardo Pavlovsky, con su dirección.

Vidé/La cinta fija, un desafío casi brechtiano

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