Marcia Rago y Gabriel Wolf: Cuadros de mujer en 2x4


Cuando el tango es cosa de mujeres

Se trata de una comedia musical que reúne mística tanguera, humor, una pizca de filosofía griega y dosis de lunfardo. A contrapelo de la versión masculina de la historia del tango, la obra retrata la convivencia de dos jóvenes amigas frente al desengaño amoroso y social.

La receta comenzó a llegar a Buenos Aires hace dos años, proveniente de Córdoba: cuatro tazas de teatro musical, dos de tango vernáculo, humor a gusto, una pizca de filosofía griega y cuatro cucharaditas de lunfardo. Luego, ella tamizó las letras y él cortó el sollozo lírico de la mezcla con algo de azúcar. “Somos un buen complemento”, se piropea el dúo ya con la salsa a punto y la paciencia de los laureles venideros. Marcia Rago y Gabriel Wolf son los directores de Cuadros de mujer en 2x4, una comedia musical que se presenta en el Teatro La Comedia (Rodríguez Peña 1062) los viernes a las 23.30 y que retrata la convivencia de dos jóvenes amigas frente al desengaño amoroso y social, coronado por el puchero del bandoneón del Cuarteto Típico Porteño, que resignifica con mística rioplatense un formato teatral de pulso foráneo, ahijado predilecto del neón de Broadway.

La receta comenzó a llegar hace dos años porque fue por entonces cuando Laura Alberti le pidió una mano a Rago para afrontar su tesis en la Universidad Nacional de Villa María. La intención de la estudiante de composición musical era ponerle acordes a una obra teatral que satirizara el ninguneo que de la mujer hacen muchas líricas de tango. Carlos Gianni, su director musical para la presentación académica, le dio no sólo el visto bueno sino, además, el contacto de Marcia, para que fuera ella quien trabajara el guión. “En primer lugar, la idea era hacerlo sólo en Villa María para la tesis de Laura, pero cuando el proyecto comenzó a crecer, nos dimos cuenta de que era una pena. Y hacemos acá una temporada previa y, hacia fines de noviembre, iremos para Córdoba”, cuenta la directora y autora de la obra.

Por ese origen, hubiera sido un tanto injusto comenzar apuntando que Gabriel es el mismo Wolf que durante los fines de semana arranca lágrimas, pero de risa, junto al resto de Los Macocos en Pequeño papá ilustrado, en el N/D Ateneo. El mismo asegura que su trabajo como codirector en Cuadros... poco tiene que ver con el que desde hace más de una veintena de años realiza con su clásico grupo: “Esta es otra faceta. Juego con otro número en la camiseta”, subraya. Sin embargo, resulta inevitable para los curtidos con La fabulosa historia de los inolvidables Marrapodi o la reciente Don Juan de acá buscar con astucia el sello macocal sobre el escenario de La Comedia. Tarea complicada –mas no imposible– frente a la luz roja que pone Rago: “No es un obra humorística, sólo tiene algunos toques, porque sino lloramos como en el tango y no es la idea”, explica a Página/12. Y Wolf la secunda, como lo hace entre bambalinas, e insiste: “Es una comedia, pero no tiene mucho humor”.

–¿Con qué se encontraron al escarbar en el arca del tango?

M. R.: –Fue descubrir algo nuevo, porque yo no era tanguera ni provengo de una familia con esa tradición musical. Había escuchado algunas cositas, pero no era una persona del tango. No obstante, cuando empecé a profundizar, me comencé a apasionar. Entonces, aprendí que el tango es “cosa de hombres”, que su baile nace entre ellos, que era de un nivel muy bajo y que después se empezó a sumar a las costumbres de la elite. Como los que cantaban eran hombres que lloraban sus penas por una mujer que los había dejado tirados en el desamor, la idea fue hacer la inversa y poner a dos mujeres llorando por amores perdidos y su vida social y laboral.

–Ese cambio de perspectiva, ¿es una crítica al “mundo de los hombres”?

M. R.: –No lo planteamos así. Lo que la obra demuestra es que no tiene que haber una lucha entre el hombre y la mujer, que cada uno tiene sus pros y sus contras, pero que ambos tienen que aprender a ser complementarios en lugar de competir por ver quién es más fuerte.

Gabriel Wolf: –La visión de la obra está puesta en función de la mujer, eso sí. Pero la opinión está repartida.

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