Laura Yusem, Griselda Gambaro y Adriana Aizenberg: El misterio de dar

Telón abierto en el Cervantes
Laura Yusem dirige la obra de Griselda Gambaro, con Adriana Aizenberg, mientras que Manuel Iedbavni lleva adelante la creación de Mario Diament
Las tres señoras se juntan a tomar el té unos minutos antes de que comience uno de los ensayos. Adriana Aizenberg trae masitas: es una manera de compartir alegría y chochera por el reciente nacimiento de su primer nieto. Laura Yusem y Griselda Gambaro reparten besos, abrazos y congratulaciones. Hacen comentarios sobre la ropa que viste impecablemente Yusem ("No deja al azar ni el menor detalle", afirma Aizenberg), y sobre el viaje de Gambaro desde la zona sur del conurbano. Esta escena -totalmente alejada de la ficción- ocurrió hace ya un par de meses, justo antes del cierre de los teatros por la gripe A, de la Feria del Libro Teatral, y de algunas complicaciones de orden técnico y económico que rondaron por los pasillos del Cervantes. Todas estas situaciones parecieron haberse complotado como para que el estreno de El misterio de dar , obra de Griselda Gambaro, que protagoniza Adriana Aizenberg con dirección de Laura Yusem, sucediera casi sorpresivamente este último sábado (la obra tiene funciones de jueves a sábados, a las 19, y los domingos, a las 18.30). Algo parecido ocurrió con la obra de Mario Diament, Un informe sobre la banalidad del amor , que desde anoche se adueñó de la sala Orestes Caviglia del mismo teatro.
A la hora del té, las tres parecen íntimas amigas. Es la consecuencia de los encuentros, de los ensayos, de la confianza y de la entrega, ingredientes indispensables para que el trabajo sea disfrutable, dichoso, productivo y festejado, cosa que las señoras en cuestión se apresuran a aclarar.
"Yo soy una especie de tábano con Griselda, que le está siempre encima; cada seis meses la llamo y le pregunto si tiene algo nuevo. Y siempre me dice que no", dice Yusem, pero con cierto humor, ya que ha estrenado obras de Gambaro casi como ningún otro director, desde aquella La malasangre de 1982 (que dirigió varias veces) que puso en escena en el viejo teatro Olimpia.
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