Federico León: Yo en el futuro


“Veo la obra como un organismo vivo”

El autor y director sostiene que esta arriesgada puesta, sobre gente que obsesivamente retrata, se mira y espera ser mirada, seguirá modificándose con la respuesta del público. Según León, en esta asociación de actuación y filmación se produce un efecto de “visión al infinito”.

Es probable que el espectador de Yo en el futuro se sienta descolocado. Esta pieza de teatro-cine sobre gente que obsesivamente retrata y se mira y pretende que en el futuro otras personas las observen y a su vez se miren en una especie de rito en espiral parece difícil de aprehender. Su director, y también uno de los autores de esta puesta, Federico León, dice que éste es “un juego de espejos generacionales”, acaso una reflexión sobre el tiempo o un montaje sobre la acción de mirar. Quizá no adhiera a la idea del espejo quien descrea de la fidelidad de las imágenes o se pregunte qué hay detrás de la pequeña historia que se filmó o de la escena que se fotografió, y qué posibilidades hay de descubrir alguna otra situación en un plano menos visible, como sucede en el relato “Las babas del diablo”, de Julio Cortázar. En todo caso, ¿cuál es la idea eje en esta obra de León y el equipo de creativos? Mostrar a tres personajes de alrededor de 80 años que desde niños manejaron una cámara registrando escenas de su vida y se filmaron mirando los materiales obtenidos, los primeros y los siguientes. Una aspiración sin freno convertida en recorte de historias que sus creadores vienen presentando en la sala Leopoldo Lugones del Teatro San Martín, donde –señala León en diálogo con Página/12– “he visto y veo películas excelentes, programadas con un criterio interesante”. Cuenta que las filmaciones fueron hechas para una obra que se fue escribiendo junto con las imágenes. Es así que en escena una pianista intenta crear el clima adecuado a lo que vendrá, y que en el inicio es la proyección de un video “filmado por chicos de diez años a la salida de un cine y mostrado después en el living de una casa; escena que también es filmada y será nuevamente observada décadas después, cuando esos chicos son ya jóvenes que a su vez se filman”. Es ahí donde aparecen imágenes del público mirando a los actores, produciendo el efecto de “visión al infinito”. Y esto con cada escena. Puede decirse entonces que la obra alienta “el proyecto de tres ancianos que desean que tres niños y tres jóvenes intenten repetir parte de esos videos”, resume León.

–¿Una forma de recuperar lo perdido?

–Desde un principio estuvo presente la idea de plasmar una visión exhaustiva de un material existente; reproducir los videos con actores sobre eventos de hasta cincuenta años atrás; eventos intrascendentes, como una entrega de premios o un partido de básquet.

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