Centro Cultural Ricardo Rojas
Un espacio para jugar en serio
El clima under encontró allí un lugar bajo el sol. Es lógico que una sala lleve el nombre de Batato Barea, uno de los referentes. Aquí, algunos de los hitos.
Recién instalada la democracia, un teatro absurdo y violento como la realidad vivida estalló, después de haberse gestado en catacumbas, en bares y boliches, en el Parakultural y en pequeñas salas. Y, sin dudas, el Centro Cultural Ricardo Rojas fue uno de sus catalizadores importantes. Batato Barea (no por nada una sala lleva su nombre) con provocaciones como La soledad del puto o, más inocente, el Clú del Clown con sus gags al estilo Los cinco grandes; o revisitando la poesía de Pizarnik en El puré de Alejandra con Noy, con Alejandro Urdapilleta. Emeterio Cerro, sus títeres con Arturo Carrera y su extraño teatro que ponía en práctica todo lo que hoy se enuncia sobre teatralidad pura. Mientras Beby Pereira Gez, dirigía a Damian Dreizik (integrante de Los Melli) teatralizando poemas. En tanto, Vivi Tellas, que luego de las Bay Biscuit comenzó con su "teatro malo", tomando pésimos textos pero dotándolos de sentido a través de sus puestas, preanunciando así la dramaturgia en escena.
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