Batalla de arroz en un ring para dos
Vicisitudes de un matrimonio en pugna
El deseo de que nos vaya bien en una relación amorosa es tan universal que, desde los tiempos de Adán y Eva, cualquier dramaturgo que haya decidido a hurgar en ese mundo se ha asegurado una alta cuota de curiosidad del público. Porque, de alguna manera, ir a ver una obra de teatro donde se habla de la intimidad de dos personas es como ir a cotejar qué hay de parecido entre lo que pasa en el escenario y lo que vivimos en la realidad de nuestras parejas, tal vez en algún caso con la vana esperanza de encontrar allí una fórmula sabia sobre las pasiones.
Casi todos sabemos, sin embargo, que ni aun en el teatro se consiguen métodos infalibles para alcanzar la felicidad en una relación, porque el corazón danza el baile de su propio fuego y cada vínculo se atornilla sobre bases que a veces hasta los propios protagonistas desconocen. Lo que sí la humanidad ha aprendido a puro golpe de experiencia -y el teatro ha contribuido con su grano de arena a ese conocimiento- es que ciertas conductas o sentimientos llevan casi inevitablemente a la destrucción de las parejas. Nos referimos a los celos patológicos, el egoísmo a ultranza, la violencia o el desprecio por el otro.
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En el Tabaris, Corrientes 829.
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