Ana Alvarado: El cachorro de elefante
“Muchos de los grandes maestros y actores de la nueva generación son herederos de Brecht”
Ana Alvarado destacó el legado que dejó el dramaturgo alemán que le exigía al público una disposición a la actividad compartida y a la crítica. En El cachorro de elefante, la directora demuestra la vigencia de un texto de 1926.
Por Alexis Caporale
El cachorro de elefante fue creado por el poeta y dramaturgo alemán Bertolt Brecht para ser interpretado en el foyer del teatro. En la obra, un elefantito enuncia algunas de las actividades favoritas que Brecht recomendaba para el buen público teatral: fumar, beber y apostar durante la representación.
Alvarado dialogó con Blog Teatro sobre el espectáculo que sube a escena los viernes, a las 21, en el Espacio Teatral ElKafka -Lambaré 866, Capital Federal-.
El texto de Brecht llama a la reflexión acerca de varios aspectos del teatro. ¿Qué aspecto busca profundizar en esta puesta en escena?
Quitados los elementos ficcionales del texto original -soldados, guerra, lugar exótico, etc.-, queda al desnudo en esta farsa, muy anterior al período más reconocido y visitado de Brecht, su preocupación por la relación del actor frente al "público con opinión" y que ejerce una función crítica. En este caso, haciendo uso de un humor absurdo.
En este sentido, ¿cuál es el papel que debe tomar el espectador frente a El cachorro de elefante?
Como dice el propio Brecht en el documental apócrifo que atraviesa la puesta en escena de la obra, "sin público es muy aburrido". Por lo tanto que el espectador más bien sea "público". Activo y relajado, dispuesto a reir o sonreir.
¿Qué lugar tienen actualmente en el mercado del espectáculo las alternativas críticas al teatro comercial?
El cachorro de elefante no es de ningún modo una crítica al teatro comercial. No plantea esa dicotomía. Ni diría "mercado del espectáculo", Brecht no encararía así esa discusión. Quería un teatro eficaz, incluyente, que llegara a ser popular pero no en los términos en los que lo formulamos actualmente.
Más allá de mi espectáculo, creo que el teatro que se pregunta sobre sí mismo, sobre la actuación, que se autocrítica, pertenece más al circuito off o alternativo. Tiene un alcance menor en cantidad de público porque sobreentiende alguna básica iniciación en el lenguaje.
Sin ser crítica, al menos no se enmarca en el llamado teatro clásico ¿Hasta dónde los autores como Brecht o Ionesco son transgresores dentro de la representación dramática? ¿Cuál es la marca más fuerte de sus ideas dentro del teatro actual?
Muchos de los aspectos transgresores de estos dos autores, que son muy diferentes, ya han sido procesados por los hacedores de teatro y su público, otros siguen siéndolo. En el caso de Brecht, su fuerte posición política en la edad adulta y el modo en el que direccionó su teatro en función de objetivos formativos para una sociedad constituída según esa posición, fueron más fuertes que otros aspectos de su obra para toda su generación.
Hoy por hoy su enorme talento para reflexionar sobre el trabajo del actor y la actuación en sí lo mantiene vigente y en tensión. Muchos de los grandes maestros y actores de la nueva generación son herederos de Brecht, de su efecto de distanciamiento crítico, de su opinión escénica. Y exigen del público una disposición a la actividad compartida, como él lo hacía. No todos lo saben.
Todo lo que se dice en El cachorro... fue escrito por Brecht, pero muchas personas creen que son opiniones mías sobre su teatro. Opiniones de un director que se pregunta por la teatralidad contemporánea. Efectivamente yo soy eso, pero no necesité cambiarle una coma para montar este espectáculo del 2009 con un texto de 1926.
Justamente, en relación a su opinión sobre el texto de Brecht, ¿cuál es su personaje favorito de la obra y por qué?
Aunque Jackie, el personaje que encarna al elefantito y es un títere manipulado por una mujer (Ema Peyla), poéticamente me representa, mi personaje favorito es Polly, el Arbol de Banana (Guillermo Aragonés), porque es el actor en estado puro: desenfadado, balbuceante frente a la mirada inquisidora del público. Jamás se detiene, muta en lo que sea necesario para obtener lo que quiere: halago y una moneda.
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