Javier Villafañe

La inoxidable poesía del trotamundos
Los homenajes se vienen sucediendo desde hace meses, pero la fecha exacta de este miércoles sirve para abrir en el Centro Cultural de la Cooperación el sentido recuerdo de un hombre que salió al camino, rescató historias y dejó una lección de arte.
Maese Trotamundos acostumbraba presentar a su creador Maese Javier Villafañe, escritor, poeta y titiritero, recordando que había nacido en el barrio de Almagro el 24 de junio de 1909, “unos meses antes de que desembarcara en el puerto de Buenos Aires la Infanta Isabel y el cometa Halley paseara por el cielo una encendida y ondulante cola”. Trotamundos se dirigía al respetable público de damas, caballeros y niños con la seguridad de quien acompañaría siempre a quien le dio vida en 1933, año fundacional de La Andariega, el teatro de muñecos que Villafañe –primero junto al amigo y poeta Juan Pedro Ramos y después con Justiniano Orozco– llevó por ciudades y pueblos utilizando por largo tiempo una carreta. Amigos y personajes, fantasmas, sombras y hasta el diablo de una o tres colas eran protagonistas de un periplo que abarcó ciudades de América, Europa, Asia y Africa. El cargamento de La Andariega era real y fantasioso, tanto como “la vuelta manzana” del pequeño Santiago en su triciclo (itinerario narrado en La vuelta al mundo). En su camino, Villafañe supo de prohibiciones: su libro Don Juan el Zorro, editado por Claridad en 1967, fue quitado de circulación durante el gobierno de Juan Carlos Onganía, en el poder después del golpe de Estado del 28 de junio de 1966. Emigró a Venezuela, donde trabajó para la Universidad de Los Andes, cercana a la ciudad de Mérida, fundando un teatro y un taller de títeres entre 1968 y 1969.
De aquella experiencia surgieron obras con personajes tomados de la cultura popular venezolana e historias recogidas de primera mano que volcó en Los cuentos que me contaron (1970), La gallina que se volvió serpiente y otros cuentos... (1977) y Los cuentos de Oliva Torres, la Juglaresca de Los Andes (1978). En 1975 retornó por un breve período a la Argentina para visitar a su madre enferma. Desde antes había confesado a sus amigos el deseo de reinstalarse en el país, pero aquéllos lo disuadieron: eran tiempos difíciles. Permaneció en Venezuela, y allí armó sus itinerarios por América y Europa.
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