Frankie y Johnny en el claro de luna
Dos actuaciones tan tiernas como potentes
Luis Luque y Florencia Peña le otorgan absoluta verdad a esta comedia romántica hábilmente dirigida por Leonor Manso
Cuando Terrence McNally estrenó en 1987 su obra en el off Broadway, no debe haber imaginado el largo recorrido que iba a vivir esa comedia romántica tan pequeña como eficaz en su estructura interna. La pieza, originalmente interpretada por Kenneth Welsh y la notable Kathy Bates, llegó al cine y a la popularidad masiva en la piel de Al Pacino y Michelle Pfeiffer, en una versión bastante alejada de su original.
La obra transcurre en un único espacio y en una única noche, en la que Frankie y Johnny, una moza y el cocinero de un restaurante de nulo prestigio, deciden ver qué pasa entre ellos y se permiten un primer encuentro romántico en el departamento de ella. Esta será la excusa para que McNally vaya construyendo estos seres que están atravesados por diversas frustraciones, miedos y represiones que hacen -fundamentalmente en Frankie- que no se atrevan a entregarse al otro. Mencionemos que ella viene de una pareja golpeadora que le produjo un aborto y una esterilidad que la arrojan a una especie de vacío irrecuperable. ...l también viene de un pasado complejo. Su madre alcohólica lo abandonó de pequeño, el padre lo entregó a una familiar que, a su vez, también lo dio a un hogar infantil, su esposa lo engañó con su mejor amigo y tiene lejos a sus dos hijos, a los que ama, pero sabe que, en lo que hace a lo económico, están mucho mejor en esta nueva vida que tienen con su otro padre, quien les ofrece un paradisíaco hogar a metros de una playa.
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