El año que viene a la misma hora


Nueva puesta de una clásica comedia

Es difícil que las personas que ya hayan pasado el medio siglo no tengan alguna referencia de esta comedia romántica que, después de haber sido suceso en el teatro de Broadway a mediados de la década del setenta, fue llevada al cine en 1978 por Robert Mulligan, con Alan Alda y Ellen Burstyn en los principales papeles. El trabajo de ella era estupendo y mereció una nominación al Oscar. Todavía en algún video se puede conseguir la copia de ese film. En Buenos Aires, la obra también tuvo una réplica escénica, con Rodolfo Bebán y Thelma Biral.

Los que no tengan información sobre la pieza se enterarán, al ir al Maipo, de que se trata de la historia de dos amantes que durante tres décadas se reúnen todos los años en un mismo lugar y en una idéntica fecha para pasar juntos un fin de semana. Ambos son casados y con hijos, y el encuentro se realiza en secreto, en un hiato que ellos fabrican en su vida cotidiana. En la película se conocían en ocasión de un congreso. En la versión de Carnevale, se descubren en Chapadmalal. El es un contador que viaja anualmente a un hotel para hacerle su balance anual y ella está en el lugar, en un retiro espiritual.

Cada encuentro de la pareja está precedido por la proyección, sobre el fondo del escenario, de imágenes de diversos acontecimientos del pasado del país que informan al público sobre la etapa en que está ubicada la peripecia. Es un recurso legítimo, aunque la elección de algunos acontecimientos o personajes provocan la sensación de que se busca el impacto fácil en la platea, sin hablar ya del detalle de autopromoción que el protagonista masculino de la obra se hace al incluirse con una fotografía de su actuación en Poliladron , hecho del que, en todo caso, se podría dudar de su importancia histórica.

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