Tango turco
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Un viaje con altibajos
La obra con Claribel Medina y Víctor Laplace logra un buen vínculo entre ellos, que pierde eficacia hacia el final.
Podríamos ser beckettianos porque tenemos alrededor una llanura que es metafísica, existencial. Y somos los más indicados para manejarnos con la sensación de aquello que se repite, que nunca termina, que siempre está a punto de acabar y no acaba nunca". De este modo, definió Jorge Ricci su trabajo en el grupo santafesino Teatro Llanura, que fundó en 1973 junto a Rafael Bruza, autor de Tango turco, que se estrenó en el Cervantes. La obra, dirigida por Lorenzo Quinteros, tiene las actuaciones del propio Bruza, Claribel Medina y Víctor Laplace.
Y aunque el grupo santafesino no esté totalmente presente, se manifiesta indudablemente la poética del Llanura. Tango turco, una de las últimas piezas escritas por Bruza, dialoga con otro texto suyo, El clásico binomio, estrenado a mediados de la década del ochenta.
Ambos textos merodean un imaginario tanguero. Además, incorporan locaciones casi metafísicas, el viaje como una forma particular de comprender el mundo y una desgastada pasión de los personajes que, en su devenir, produce criaturas prácticamente deshilachadas. Sólo que el espectáculo que se presenta actualmente en el Cervantes asume la huida por un crimen como acontecimiento fundante.
Los prófugos, Amelia y Rodolfo -interpretados por Claribel Medina y Víctor Laplace- se enredan en un asesinato. Ella le pide a su amante que, como condición para estar juntos, debe asesinar a su esposo, dueño del cabaret donde trabaja. Cometido el crimen - prácticamente al inicio de la obra- huyen a Europa de polizones. Allí, y luego en Africa, trabajan como artistas callejeros interpretando tangos.
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