Umo, cabaret mágico

Magia y diversión al estilo de los años 30
La fórmula combina, en proporciones diversas, travestismo paródico, fonomímica, lujoso vestuario, irreverencia, ingenio y entusiasmo. Las protagonistas son casi siempre las mismas, a saber, divas del espectáculo, en lo posible de ayer: las que se fueron, transformadas en amables fantasmas; y de las actuales, las que ya están bastante averiadas pero mantienen su carisma.
En esos aspectos, Umo, cabaret mágico no es novedoso, pero añade, sí, un ingrediente atractivo: números de prestidigitación, ejecutados con limpieza y buen humor, en especial los del falso mago chino y su inefable colaboradora, que siempre se equivoca. A la manera de un memorable film norteamericano de fines de los años treinta, Loquibambia, aquí puede suceder cualquier cosa, y sucede. Desde que Tita Merello vuelva a imponer su fiera estampa en un cabaret porteño, hasta que Carmen Miranda bambolee las caderas acompañada por las Andrews Sisters convertidas en tres improbables sirenas, o que Sarita Montiel recupere su bella estampa juvenil con la intencionada letra del cuplé "La pulga", y una ovejita de trapo, asombrosamente expresiva, se robe la función.
Hay de todo en este singular cabaret mágico; demasiado, tal vez (eliminar algún cuadro lo beneficiaría: el de la cocinera tirolesa, por ejemplo), pero lo más importante es el ingenio, los abundantes toques de originalidad y, sobre todo, el contagioso fervor del elenco, que se divierte tanto como el público.
Fuente: La Nación
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