Joaquín Bonet

Nota del 7 de marzo
Historias del tiempo de la abuela
En la casona Marcó del Pont se representan piezas de José González Castillo, Roberto Cayol, Luis Bayón Herrera y Alberto Novión, que bucean en los orígenes del costumbrismo. “El mejor homenaje a los autores es mantener el brillo”, asegura el director.
“Nuestro trabajo es saber hacer; con manejar sólo conceptos no vamos a ningún lado. Hay algo de la experiencia vivida y del territorio que tiene valor único. Y cito una famosa frase del psicólogo y lingüista Alfred Korzybski de comienzos de la década del ’30, el mapa no es el territorio, metáfora que sirve para explicar cómo el lenguaje constituye un mapa, que utilizamos para representar la realidad que percibimos pero no es el territorio.” Joaquín Bonet, actor y director, guionista y director teatral, desconfía del recorte que cada cual hace de la realidad en base a conceptos y prefiere saber hacer. Convocado por Argentores y el Fondo Nacional de las Artes para dirigir un ciclo de cuatro sainetes que se inicia hoy, manifiesta el placer que le produce dirigir obras de los autores José González Castillo, Roberto Cayol, Luis Bayón Herrera y Alberto Novión, quienes dentro del género satirizaron costumbres a través de personajes arquetípicos y populares. Los títulos son El retrato del pibe, El debut de la piba, Entre bueyes no hay cornadas y La historia del año, que se ofrecen con entrada gratuita en la casona Marcó del Pont, construida para esa familia en 1860, en el barrio de Flores, y hoy convertida en centro cultural. Esta no es la única actividad de Bonet, quien continúa con las funciones de los viernes de su obra Testigos (“una comedia casual sobre la causalidad”), en el Teatro del Abasto. Bonet escribe y dirige básicamente teatro, pero crea también guiones para televisión: “El trabajo industrial, el de la tele, lejos de mecanizar, me enfrenta a problemas que debo resolver de inmediato, y éste es un buen ejercicio. Uno sabe que está escribiendo para un determinado formato que le permite jugar pero no innovar. Igual se aprende y disfruta”.
–La televisión acota, ¿y el sainete? ¿Es posible desmarcarse?
–Cuando dirijo, me siento obligado ante el material y frente a los espectadores. Pienso que, ofrecidos así, en esta casa que tiene historia, el mejor homenaje que puedo hacer a los autores es presentar las obras con lo que tienen de brillo original y diversión. No hace falta poner mucho más que buenas actuaciones. Siento que innovar las desvirtúa, y no es mi propósito. Sé que existen preconceptos sobre cómo montar un sainete: se habla de actuación impostada... Eso no me interesa: mi intención pasa por generar un buen espectáculo.
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