Horacio Peralta: El titiritero


Nota del 20 de enero

Cóctel de fantasía y realidad

Horacio Peralta es titiritero. Viajó treinta años por Europa, luego de haber estado secuestrado en la ESMA y de que sus hermanos fueran amenazados. Ahora, en Mar del Plata, relata lo vivido como un antiguo juglar.

Desde Mar del Plata

Una semana de amor puede ser infinita. O eso es lo que demuestran unos títeres, junto a la voz de Horacio Peralta, un artista que –tras vivir treinta años en Europa y Centroamérica– está de vuelta para repasar su carrera con la compañía Bululú Théâtre. El titiritero es un espectáculo para adultos y niños mayores de siete años. No hay efectos especiales. Tampoco despliegues millonarios. Como sucedía en las antiguas aldeas, lo que se monta es solamente un escenario; el resto corre por cuenta de alguien que tiene llaves para entrar a la fantasía.

“Eso del amor infinito me lo explicó en Panamá José de Jesús ‘Chuchú’ Martínez a fines de los setenta”, apunta Peralta. Fue en una tarde tropical. Estaban los dos tomándose unas cervezas en medio de la vegetación y Horacio le había contado algún problema afectivo. En respuesta, su amigo –que además de dramaturgo y escritor era profesor de matemáticas– empezó a dibujar una línea recta en una servilleta de papel. Luego le agregó dos trazos más en los bordes, para dar a entender que era un segmento. Y le habló como si fuera Zenón: “Suponte que ésta es una semana de amor. Si te pones en la mitad –posó la birome–, te quedan tres días y medio; y si vas a la mitad de eso, te queda un determinado tiempo. Así puedes seguir eternamente”. Horacio conserva aquellas palabras como si las hubiera escuchado recién. “Me estaba demostrando sque las cosas que uno vive con intensidad no se agotan, se vuelven eternas. Y sin pretender tanto, es un poco lo que buscamos acá.”

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