Grupo Ojcuro


Nota del 18 de enero

Claves invisibles del Teatro Ciego

Con la dirección de Martín Bondone, el Grupo Ojcuro ofrece experiencias sensoriales

No hay en Buenos Aires un espectáculo teatral más provocador (de toda clase de sensaciones) que el Teatro Ciego, que desde hace siete años viene realizando el Grupo Ojcuro. Una hora y diez minutos en oscuridad absoluta, en donde el espectador sigue, en novedosa e inquietante condición de invidente, la línea de La isla desierta , la obra que Roberto Arlt escribió en 1937 y recién se estrenó luego de su muerte en 1942. La pieza se desarrolla en una oficina en la que los empleados sueñan con escaparse de la rutina y a través de viajes imaginarios procuran distanciarse de una realidad que los empequeñece. Sin referencias espaciales, de las conocidas en la ceremonia teatral tradicional, el espectador recibe, además de los diálogos, intermitentes rociaduras de agua y de algunas otras fragancias (perfume, curry, sal marina, etc.), sonidos de pájaros en la selva, de sirenas de vapores que se acercan o alejan de algún puerto, de una calle en Shangai, de truenos y tormentas. Salvo unos bichitos de luz que rondan el espacio en un momento no hay nada que se atreva a iluminar la escena,dominada por el "no ver para creer". El negro total que se obtiene no tiene antecedentes, ni en el clásico apagón del teatro, ni en el oscurecimiento de la sala de cine. Ni tampoco, como sugirió este cronista y fue de inmediato refutado, con el radioteatro, ese formidable teatro de la mente que nació para ser escuchado y no ser visto.

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