Otelo

El musical de los celos y la traición

Fiel a un estilo, la puesta del clásico de Shakespeare de Pepe Cibrián Campoy y Angel Mahler, dura tres horas. Hay rigor, talento y una gran producción.

Una versión libre y musical de Otelo, que modifica la historia concebida por Shakespeare y agrega personajes, acaba de estrenarse en el teatro El Nacional. Una auténtica superproducción, que transforma un escenario despojado -en el que entran y salen algunos escasos elementos para construir los diversos espacios- en un ámbito desbordante de personajes, historias, intrigas y bailes.

Pepe Cibrián Campoy escribió, dirigió y diseñó las coreografías del espectáculo. Angel Mahler compuso la música original y dirige la orquesta. Llevan 25 años trabajando juntos y sin dudas, la dupla imprime a sus puestas un sello propio, fácilmente reconocible. Las obras de Cibrián-Mahler cuentan con elencos numerosos, trajes fastuosos, actores (en su mayoría) desconocidos y despliegues ambiciosos.

Este libro, basado en un clásico, no cambia la esencia del texto original: los celos y la traición como ejes temáticos alrededor de los cuales todo gira; y un final, por supuesto, trágico.

La historia transcurre en el siglo XVI, en Venecia. Comienza con la llegada de Otelo al Palacio Ducal, luego de haber conquistado Chipre. Esta versión agregó el personaje de Bianca, como amante de Otelo -con el fin de lograr que se case con ella, hace creer al moro que espera un hijo de él-, a Leticia, nodriza de Bianca, a Mariselda, hermana de Desdémona, a cardenales, curas y a un carnaval veneciano que aporta color y brillo a la puesta.

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