Juan Carlos Dual
Juan Carlos Dual: "Alguna vez se me ha escapado el ego"
Más de una vez entró como quien sale. Su relato —que no es más que su vida en palabras— está poblado de perlitas en las que cada vez que escapaba de, sin rumbo fijo, llegaba a. Una de las perlas, a las que ni siquiera el paso del tiempo les quitó brillo, da cuenta del día en el que, huyendo de la Policía, Juan Carlos Dual se topó, literalmente, con la puerta que le marcó su destino. No la desgrana sobre la mesa del bar como "la anécdota"... la suelta como una más de las muchas que sabe contar. Sin embargo, a medida que la reconstruye, sobre los pilares de su memoria emotiva, la escena invita a un párrafo aparte.
"De pibe yo jugaba a la pelota con unos amigos en una cortada de Barracas que ya no existe. Era un lugar con trampa, porque como los vecinos se quejaban, te entraban patrulleros por los dos lados y quedábamos encerrados. Y después tenía que ir tu viejo a sacarte de la comisaría. Un día apareció el autito y no sé cómo zafé del brazo del policía y empecé a correr como loco. Corría sin mirar hacia dónde iba... De golpe vi una puerta abierta de una casa y me mandé. Subí la escalera y me topé con una cantidad impresionante de libros. Apareció un señor que me dijo si estaba perdido. ¿Dónde estoy?, le pregunté. En la Biblioteca Popular de Barracas, me contestó. Y luego me propuso que dos veces por semana, en vez de jugar al fútbol, fuera a leer, que había cosas interesantes. Y así me hizo conocer la novelística inglesa, la española, la literatura rusa. Era un viejo socialista divino que me abrió un mundo", reconoce ahora, a modo de tributo merecido.
Pero ese refugio no fue testigo sólo de esa huída: "Ahí también funcionaba un taller de teatro y me anoté. Como mi viejo decía que eso era cosa de maricones, no me dejaba participar. Entonces pedí cambiarme el nombre, porque si aparecía López, que es mi verdadero apellido, en el anuncio de las obras que hacíamos, mi papá me mataba. ¿Y cómo te querés llamar. Y, mirá qué curioso, yo, que ahora tengo una buena dicción, cargo con un apellido distorsionado por mi mala vocalización de entonces: vi una firma pintada en la pared y dije Duvall. Entonces el tipo anotó Dual. Y quedó para siempre".
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