Teatro por la Identidad

El renovado ejercicio de la memoria
Con la presencia de Abuelas de Plaza de Mayo, arrancó un nuevo ciclo en el Cervantes. Se pudo ver la obra A propósito de la duda, hubo murgas y tocó el grupo La Bomba de Tiempo. Vaya paradoja, hubo una amenaza de bomba en el teatro, que no amedrentó a la platea.
En la primera función del jueves de Teatro por la Identidad se quiso dejar en claro que el sentido del espectáculo pionero A propósito de la duda no es invento. De ahí que la frase “esto no es una actuación” estuviera en boca de los jóvenes de la murga Garufa de Constitución –intérpretes de un ritmo descoyuntado– y de las Abuelas de Plaza de Mayo, tan directas y sencillas siempre. Tampoco era ficción la coreada exigencia de prisión y justicia hecha en nombre de los secuestrados y desaparecidos cuyos rostros se vieron impresos en un telón desplegado al fondo del escenario, en blanco y negro salvo la imagen de Jorge Julio López, desaparecido en democracia, y uno de los principales testigos del juicio que condenó a reclusión perpetua a Miguel Etchecolatz. Para quienes asistieron en el 2000 al semimontad ... de la duda (un lunes de junio, y en el reducido ámbito de la sala Batato Barea del Centro Cultural Ricardo Rojas) la inauguración del ciclo 2008 en la amplia sala María Guerrero del Teatro Nacional Cervantes mostró cambios, pero sólo de forma. El reclamo es hoy tan potente como entonces, aunque tal vez con menos consignas y más tranquilidad en una platea que no se amedrentó cuando –al promediar la función– el director del TNC, Rubens Correa, subió al escenario e interrumpiendo la alocución de una de las Abuelas comunicó que había una amenaza de bomba.
Pero esa estrategia utilizada para infundir miedo no halló terreno propicio en una platea de toda edad y condición en la que se hallaban presentes numerosos artistas, algunos de ellos convocados al segmento Espacio abierto de TxI, como Osvaldo Santoro y Susana Rinaldi. El montaje de A propósito... incluye breves fragmentos de testimonios aportados por la Agrupación Hijos, de nietos, y por Madres y Abuelas de Plaza de Mayo que aún hoy provocan y son resistidos o tergiversados por aquellos a los que no les interesa que lleguen estos mensajes. Es así que en este trabajo con dramaturgia de Patricia Zangaro y dirección de Daniel Fanego y Erika Halvorsen la frase “no es la duda lo que daña sino la mentira” se convierte en consigna para un elenco consustanciado con lo que se dice en el coro y en las miniescenas de diferente tesitura que protagonizan, entre otros, Florencia Raggi, Manuel Callau, Catalina Speroni (los dos últimos en el rol de una pareja apropiadora) y Antonio Ugo, en el papel de un adiestrado para combatir a la guerrilla y colaborar con los grupos de tarea. Textos que registran en diferente tono dichos habituales en quienes rechazan el discurso de Abuelas. En consonancia con el paso del tiempo, algunas dramatizaciones fueron modificadas, y no se vio entonces a un niño haciendo picar una pelota y desapareciendo del escenario dejando tras de sí su juguete sino a un joven que toca apenas una pelota para que, abandonada sobre el escenario, sea una abuela quien la recoja.
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