Gerardo Baamonde: El hombre que salía del piano

Nota del 04 de noviembre
“Escribo de manera afiebrada”
El actor habla de su nueva pieza en el Teatro del Nudo, que pone en juego a “personajes patéticos, desesperados, presos de sus mecanismos que, como engranajes obedientes y temerosos, cumplen con su papel aunque no estén capacitados”.
Actor de teatro de fuerte impronta corporal, el nombre de Gerardo Baamonde está muy ligado al del fallecido director Miguel Guerberof, a su visión del mundo de Samuel Beckett. Bajo su conducción, Baamonde protagonizó Acto sin palabras, Mercier y Camier y Todos caen, si bien también alternó el teatro con la televisión. Otra de las facetas de este intérprete especializado en las técnicas actorales del francés Jacques Leqoc es la dirección y la dramaturgia: su primera obra, Fuga y asedio, fue estrenada en 2002 en Roma tras lo cual emprendió una gira por el resto de Italia. “Una de las críticas señalaba que la obra parecía un Beckett dibujado por Quino”, recuerda en la entrevista con PáginaI12, al tiempo que aclara que aquel unipersonal sin palabras fue creado con un texto que luego, a la hora del montaje, decidió omitir. El año pasado, en el marco del 4º Festival Cambalache de Teatro-Danza y Tango estrenó Los pollerudos, el segundo de sus textos, esta vez en coautoría con Sergio D’Angelo y Héctor Díaz.
En estos días acaba de estrenar, también como actor, su último texto, El hombre que salía del piano, bajo la dirección del mismo D’Angelo, junto a Katja Alemann y Carlos Lipsic. Las funciones tienen lugar los viernes en el Teatro del Nudo (Corrientes 1551). Se trata de una obra que escribió durante un seminario de dramaturgia, dictado por Mauricio Kartun en el teatro San Martín. “Escribo de una manera afiebrada y catártica –detalla Baamonde–, como si los textos vinieran de otro lado, como si me fueran dictados. Muchas veces cuando los leo me parecen ajenos, como alguien que los lee por primera vez”, concluye.
La pieza presenta, alrededor de un piano, a un trío que conforman Tesa, Leonardo y “el Hombrecito”. “Los personajes de esta obra son patéticos, están desesperados, presos de sus mecanismos que, como engranajes obedientes y temerosos, cumplen con su papel aunque no estén capacitados”, subraya Baamonde. “El pianista, que padece una enfermedad innombrable, está condenado a tocar hasta su final para que su amada baile. Ella lo obliga a tocar porque el silencio le da vértigo.” El destino de este pianista –“ceremonioso, con porte aristocrático, pero con un aire a payaso viejo”, como lo describe el autor– se cumple de manera inflexible y en ese tiempo ella parece preparar los detalles para su encuentro con un nuevo personaje que marcará, tal vez, el inicio de otro ciclo de enfermedad y muerte. El hombrecito que habita el piano –“desteñido y de color sepia, como una foto antigua”– es el personaje que interpreta el propio Baamonde.
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