El enterrador


Amor y suspenso por un Sofovich diferente

Un marido celoso obliga a su joven vecino representar, junto a él y su esposa, una suerte de psicodrama casero con el fin de probar la supuesta infidelidad de su mujer. Parece el argumento de una comedia picaresca, pero no lo es. Se trata de la última pieza de Gerardo Sofovich (antes de que suba a escena, hoy, «Varieté para María Elena» en el Teatro Tabarís), y contra todo lo que podía esperarse, en ella no hay sketchs cómicos, ni números musicales, ni nadie que se pasee escaso de ropa.

En una línea muy diferente a «El champán las pone mimosas» o a la reciente «Una familia poco normal», esta obra de suspenso psicológico propone una reflexión acerca del amor y la fidelidad en el matrimonio valiéndose de un planteo argumental bastante bien estructurado que poco a poco va revelando sus secretos.

Como corresponde al género, aquí abundan las conductas enigmáticas y los datos tramposos.

Víctimas y victimarios intercambian roles en medio de un progresivo duelo de voluntades que empieza con una broma cínica para luego convertirse en una cuestión de vida o muerte.

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