Maipo siempre Maipo


Revista aún en construcción

Siguen recortando su duración y falta que todo gire alrededor de Antonio Gasalla.

Partes sueltas -por más que algunas puedan ser buenas y otras mejores- nunca llegan a ser un todo, si no media una precisa articulación que las amalgame.

Maipo siempre Maipo es un largo convoyado de números musicales, coreográficos, cómicos y hasta de magia dignamente presentados, con esmerada y hasta lujosa producción.

La sucesión de talentos humanos, comicidad, telas, plumas y luminosos artefactos escénicos pretende apabullar, pero puede resultar kilométrica, sumado a que las pausas de silencio y oscuridad entre cuadro y cuadro resienten el timing. Menos mal que de las tres horas y media que duraba originalmente el espectáculo, Lino Patalano tuvo el buen tino de recortarlo en 60 minutos y que esa tarea de reducción sigue en curso para acercarse al ideal de dos horas redondas (ver aparte).

Claudio Segovia purifica un género que necesita algo de barro para funcionar bien. Lo hace más estético y sutil, al suavizar lo más posible sus consabidas líneas gruesas. Apela al impacto visual sugerente, a lo plástico, a la evocación glamorosa. Tanto insiste que impone la armonía, pero a fuerza de cierta frialdad.

En La Nación

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